Mi mujer es perfeccionista ¡ahora lo comprendo todo!

Estimado Doctor:

Recientemente compramos su libro El síndrome del perfeccionista: el anancástico”. Mi mujer padece este trastorno, una vez leído su libro he podido constatar casi punto por punto los síntomas que se describen.

Esto le lleva a tener graves problemas de adaptación social (ha discutido con todos sus grupos de amigos y ya no mantiene contacto con ninguno), familiar, de pareja y en estos momentos un grave conflicto laboral.

Es profesional universitaria, tiene 33 años y en la actualidad está de baja por depresión tras un enfrentamiento con uno de sus compañeros. Está en tratamiento psiquiátrico y psicológico. Además acudimos a un psicólogo especialista en parejas, con lo que nuestra relación ha mejorado bastante, sobre todo después de leer su libro, que me ha ayudado a entender el porqué de su conducta en determinadas circunstancias.

Le escribo para solicitarle ayuda especializada, ya que creo que la mayor parte de los problemas que le surgen vienen de ese trastorno y no se si en su tratamiento psicológico habitual tendrá la eficacia y especialización necesarias para poder ayudarla oportunamente.

Está diagnosticada de Distimia, algo así como depresión crónica y en la actualidad, con su crisis, está tomando medicación fuerte. Si usted pudiera atendernos o indicarnos algún especialista que nos pueda atender le estaríamos muy agradecidos. Vivimos lejos de su residencia pero dada la importancia del tema estamos dispuestos a desplazarnos hasta su ciudad. Muchas gracias y enhorabuena por el libro, que sirve sobre todo de ayuda a quienes conviven con personas queridas que padecen este trastorno.

Atentamente,

Melquíades Aquiestoy!

Un notable cambio en un mes de tratamiento

Sobre el tema del control, me resulta casi divertido notar que soy capaz de una cierta relativización sobre las emociones, pasiones, etc…, hay como una armonía, aunque donde menos lo noto -también adelgazé unos kilos- es en el comer, pero en lo demás: ira, afectos, curiosidad intelectual, ganas de hacer cosas, puntualidad, en la implicación emocional con la gente, poner distancia, noto que ese control emocional es de una mayor racionalidad y con una menor lucha. Es curioso.

Ahora encuentro placer en el dormir, las ganas de sueño han sustituido a las excesivas ganas de leer. Ya te dije también que tengo más fuerza en el deporte o al hacer cosas (supongo que es la dopamina). Y más bienestar, sin necesidad de sentirme apreciado o dependencia de que me valoren-quieran (supongo que eso es la serotonina más alta). Por tanto más libre de realizar proyectos, noto que no tengo prisa, que voy más relajado y con más calma para reflexionar, con menos ansias y con calma para hacer las cosas con paz.

Veo que mi visión de estos días es como el intensificarse de la primavera pero calmada. Le saco colores a todo, sin apasionamientos, como con armonía, y con una cierta distancia de las cosas. No es escepticismo malo, pues hay pasión, y una cierta ilusión. Me gusta escuchar a la gente, pero sin nervios pues me interesa lo que oigo como lo que puedo decir yo. Antes no escuchaba y aún ahora soy un poco tozudo… También hay quien dice que no estoy tan negativo, que he perdido ese tono -un punto amargo- que tenía últimamente…

En el artículo del perfeccionismo que me he leído, no me veo muy retratado, aunque lo volveré a leer, al igual que el otro. Me resulta interesante alguna reflexión como la parte final, sobre la responsabilidad en la que se concluye que he de seguir adquiriendo:

  • Ilusión en el sentido de aprovechar las ocasiones y no dejar pasar las oportunidades. Las hay.
  • La alegría de rectificar. Es algo que procuro tener mucho en cuenta siempre.
  • La magnanimidad, el no ser capidisminuidos.
  • Saber priorizar.
  • Compaginar amor y desasimiento, crecer en adaptabilidad, no dar cabida a la frustración. Es esta una vivencia altamente destructiva de la persona y de sus relaciones. Vacunarse frente a ella es un quasi-seguro de salud psicológica.
  • Dotar de sentido al propio quehacer y a sus consecuencias. Si el éxito está en lograr lo que deseas, la felicidad reside en desear lo que consigues. Dicho conforme a un proverbio popular la felicidad comienza donde la ambición acaba.

Un catalán casi-andaluz (10 de mayo de 2009)

Perfeccionismo y perfección

Resumen

 

Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica es algo que –consciente o incoscientemente- pretendemos siempre.

 

Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos, psicológicos, actitudes, entornos educativos, sociales, y la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo.

 

Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona.

 

Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad es el Perfeccionismo. Conocido, también como “Síndrome del Perfeccionista”, o “Trastorno Anancástico de la Personalidad”.

 

Es propio del hombre querer prosperar; aproximarse a la endaimonía: La vida buena, orientada por la ética, camino de perfección, pues señalará los criterios para alcanzar la felicidad.

 

Con perfección aludimos a un quehacer excelente considerando el enfoque de la eficiencia: Hacer algo bien junto a su coste. Lo mejor es enemigo de bueno; bueno es relativo, y perfección un entrelazamiento de lo técnico y estético, lo material y espiritual que vive el hombre.

 

La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del “folleto explicativo” que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.

 

 

 

1.Introducción

 

Son muchos los avances que ha ido logrando la Medicina debido a la proliferación de diversas Ciencias y Técnicas, ofreciendo medios que facilitan el conocimiento de la persona humana y de la salud, y, paralelamente, de la enfermedad.

 

 La enfermedad es en sí un mal, una deficiencia, jamás algo bueno, a menos que se le considere como la oportunidad de conseguir la salud del paciente, o la ocasión de investigar el modo de eliminar ese daño (psíquico o somático) procurando usar los medios con que cuenta la Medicina o los que se puedan adquirir precisamente mediante la investigación, como ya dijimos. Pero ha de quedar claro ante todo que lo más importante, en la salud y en la enfermedad,  es la persona humana (sana o enferma, cabal o incompleta), y en un segundo lugar la Medicina y sus operaciones.  De esta manera no hay modo de confundirse: el hombre es el fin u objetivo y los medios son la Medicina, auxiliada por otras ciencias, y la técnica aplicada. Jamás ha de considerarse al hombre, a la persona humana, como un medio. No se le debe instrumentalizar nunca.

 

Pues, bien, hay que decir que cuando un ser humano viene al mundo, llega para disfrutar o gozar de todo lo bueno que éste puede ofrecerle…,  desde el aire que respira hasta la golosina de su preferencia, o el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Ninguno venimos a este mundo con una especie de “garantía” del 100% (cero errores o defectos). Y, además, no se puede olvidar que quien primero ha de esforzarse por ser o llegar a ser un mejor hombre/mujer, es el propio individuo, no obstante, que cuente o disponga de multitud de instrumentos o medios que para ello le ofrece la sociedad en que nace y se desarrolla.

 

El hombre es, por naturaleza, perfectible, superable, en sí mismo y desde sí mismo. Cuenta así con una naturaleza misma, que le marca unos límites por arriba y por abajo, junto a una gama de posibilidades, condiciones, circunstancias y oportunidades, que, en función de su propia libertad y dominio, puede usar tanto para bien o mejoría personal, como para un decaimiento o daño.

 

                            

2. La perspectiva psicosomática

 

El ser humano no es sólo materia o cuerpo (soma), ni tampoco solamente espíritu (psique), sino que ambos elementos lo constituyen esencialmente, de forma que, faltando uno de los dos, ya no hay un hombre ahí, sino otra cosa, más o menos parecida. Es suficientemente conocido que hay acciones corporales o sucesos somáticos que afectan en mayor o menor medida la psique humana, y viceversa.

 

 Baste un ejemplo entre miles que se dan a diario: una noticia, no es solamente una serie de imágenes recogidas por los ojos y de sonidos percibidos por los oídos, sino que, “curiosamente”, eso, que es algo material, puede provocar, además de ideas y conocimientos, unas emociones o sentimientos que, conjugados, pueden ser causa de la ira, la compasión,  la risa, la venganza o el suicidio, e incluso el desprecio hacia otro ser humano o hacía sí mismo.

 

Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica, es algo que –consciente o incoscientemente- pretendemos siempre.

 

Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos, psicológicos, actitudes, entornos educativos, sociales, y la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo. Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona. Por esta razón, resulta de gran utilidad la consideración del Paradigma psicosomático, el enfocar la normalidad o la patología en torno a la perfección y al perfeccionismo. El desglose, aún conociendo su artificiosidad, de los ámbitos Bio-Psico-Socio-Eco-Espiritual nos aportará claridad y riqueza.

 

 

3. De la perfección al perfeccionismo

 

En la búsqueda y/o consecución de lo mejor de sí mismo, cabe la posibilidad de quedarse corto, o por el contrario, sobrepasarse. Un figura ovoide o un cuadrado jamás son igual a un círculo, por mucho que puedan parecerse. Uno de esos riesgos de no lograr “lo mejor” para cada quien, ya no es solamente la mediocridad o el “desecho humano”, sino “el perfeccionismo”. Es ese afán natural de ser mejor (con o sin comparación con los demás), ya que lo natural del ser humano no es sobrevivir, en condiciones normales, por así decir, sino más bien ser dueño de sí mismo e igualmente dominar o someter (intelectual y/o físicamente lo que le rodea, su habitat).

 

 En ese modo de “querer ser perfecto” o “la perfección de las cosas”, tenemos como denominador común la perfección. Ello es algo bueno en sí, incluso mejor que lo contrario: el conformismo, la medianía, lo defectuoso o imperfecto, lo feo, lo malo, etc. De aquí, en parte, que la persona a la que llamamos “perfeccionista”, se sienta más atraída por lo simétrico, el equilibrio, la proporción, la armonía, la proporción, la simetría, etc. de las cosas, en las que aparecen de fondo destellos de la verdad, la justicia, la belleza, el bien y otros valores. Y esto, en parte, es igualmente aplicable para sí mismo, es decir, para la propia persona, y luego, casi de modo necesario o como un reflejo, a los demás.

 

 

4. El Perfeccionismo como síndrome

 

Un ingrediente importante en las manifestaciones de quién exagera en la búsqueda de la perfección, es la insatisfacción, casi siempre “falta” algo o “sobra” algo…, eso o aquello “podría” o “debería” mejorarse: tanto en las cosas como en las personas, en mí (y por mí) o en los demás, por sí o por otros.

 

Otra cosa que no debe pasarse por alto, es que el “síndrome del Perfeccionista”, siendo algo que se puede aprender, sobre todo es algo íntimo de la persona, es algo de base  genética, que en pocos o muchos años acabará por salir a flote, y casi siempre no de manera total sino parcialmente, influyendo en esto el propio temperamento, la educación, el ambiente social, preferencias, traumas, defraudaciones,  experiencias o vivencias positivas y negativas que dejan huella, una autoestima baja, por lo general,  y comúnmente, tener o marcarse unas metas altas en sus actuaciones privadas o en  el orden público.

 

 Hay una serie de elementos que pueden potenciar o disparar, según el caso, esa actitud perfeccionista que, a fin de cuentas, puede conocerse y ser “controlada”  por el mismo afectado (enfermo), pero que no le abandonará, posiblemente nunca, y que es como la sombra que acompaña a todas partes, esa que todo cuerpo proyecta cuando es iluminado, más pequeña o más grande según la intensidad de la luz y el ángulo desde el que es enfocado…

 

 

5. Perfeccionismo versus Anancasticismo

 

Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad, es el Perfeccionismo. Conocido también como “Síndrome del Perfeccionista” o “Trastorno Anancástico de la Personalidad”.

 

¿En qué consiste ser “perfeccionista” o anancástico?: es la persona virtuosa imperativamente, pero a la cual le flaquean el buen uso o dominio de su voluntad y su libertad (lo que no significa que no le cueste conseguir la virtud, o que, de manera infalible, se quiebre su voluntad, ni que carezca de libertad, sino es más bien su mal manejo). Es, a fin de cuentas, un defecto de la personalidad, un trastorno que se da a conocer muy poco; y la edad más propicia para que estos rasgos se presenten es de los 4 a los 7 años, que es cuando los niños poseen la mejor sensibilidad en su desarrollo psicológico evolutivo.

 

Otro ingrediente o elemento a tomar en cuenta para conocer o reconocer al perfeccionista, está en que toma la perfección más como camino, como una meta. Una cosa es andar por el camino de la perfección y otro diferente es ir en busca de la perfección. El camino a la perfección incluye, entre otras cualidades o actitudes, y en diversos grados, la responsabilidad, la ilusión y  el pensamiento positivo, la esperanza, la alegría de rectificar, la constancia, dotar de sentido el propio hacer, la magnanimidad, compaginar el amor con el desprendimiento, y, saber priorizar o jerarquizar.

Sin embargo, esta vida rara vez ofrece tanto a una misma persona, ya que toda decisión comporta un riesgo, y donde hay riesgo no hay certeza de conseguir lo que se intenta o propone. Por lo mismo se hacen necesarias, junto con la audacia, la previa consideración y “aceptación” de fallar o errar en el intento.

 

 

6. Síntomas y Alarmas  

 

Pueden ser considerados como focos de alarma el ordenar y reordenar constantemente las cosas…; la molestia o incomodidad sufridas ante el desorden, desequilibrio o asimetría; prever todo de modo exagerado y exhaustivo, a veces hasta el cansancio; la necesidad de respaldo respecto a su buena voluntad en su actuar; inseguridad interior dando muestras externas de seguridad;  intolerancia general ante sus propios fallos; hipersensibilidad frente a injusticias propias y ajenas, aún las más pequeñas…

 

El Cuestionario Sevilla, en su versión amplia o breve, constituye una prueba asequible y significativa y práctica para su reconocimiento y valoración. Incluye y plantea preguntas acerca de parámetros como estos:

 

– Perfeccionismo, detallismo, minuciosidad o meticulosidad.

– Hipersensibilidad.

-Valoración elevada del orden, limpieza, puntualidad. Apego a la ley.

-Tendencia a la rigidez y dificultad para la flexibilidad ante los cambios.

-Juicios radicales sobre la propia tarea en razón de su calidad y tiempo invertido en ella, y con tendencia a ir a los extremos sin aceptar intermedios.

– Tendencia a asegurar máximamente los elementos de un plan futuro.

– Sobrevaluar la opinión o juicios de otros respecto de la propia conducta.

– Exagerar el valor de la eficacia sobre el disfrutar aquello que se hace.

– Subjetivismo marcado. Es más fácil que los demás estén equivocados o mal informados, les falta experiencia o desconocen el fondo del problema.

– Dar mayor realce a lo negativo que a lo positivo.

– Tendencia a conservar cosas porque puedan ser útiles alguna vez: dificultad para deshacerse de objetos y papeles.

 

 

7. Un abordaje pluridimensional

 

Se requiere de una asistencia psicoterapéutica confiada y amable, pues el “anancástico” suele presentar una cierta resistencia, a la aceptación del diagnóstico como del tratamiento mismo. Particularmente, en el caso de los adultos, en quienes es habitual que se encuentre muy arrigida esta enfermedad o deficiencia, se precisa de una medicación con fármacos antiobsesivos, pues se trata de un trastorno de la personalidad.

 

 

 

8.         La perfección, un camino más que una meta

 

Está en alza hablar de excelencia, de aspirar a lo mejor. Pero a la vez es muy frecuente la chapuza, el “ya vale”,  el camuflar con los medios técnicos la imperfección, etc.

 

Es propio del hombre ir a más, prosperar, aspirar a algo nuevo y mejor. Así se aproxima a la endaimonía. La vida buena, orientada por la ética, es el camino de perfección, pues nos señalará, en todo momento, los criterios necesarios para alcanzar la felicidad. Si el anhelo de la felicidad es uno de los objetivos prioritarios del hombre, la búsqueda de la perfección, a través de la vida buena, es uno de sus caminos más certeros.

 

Con perfección aludimos a un quehacer excelente considerando el enfoque de la eficiencia: hacer algo bien junto a su coste. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Lo bueno es relativo, y, la perfección, un entrelazamiento de lo técnico y lo estético, lo material y lo espiritual que vive el hombre. Y aquí ha de ser considerado un nuevo enfoque, el de la eficiencia, el hacer algo bien pero considerando a la par al coste que conlleva. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Y lo bueno es algo relativo en cada caso concreto. Es, pues, la perfección un entrelazamiento de lo técnico y lo estético, de lo material y espiritual que se da en todos los hechos que vive el hombre.

 

La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del “folleto explicativo” que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.

 

El camino hacia la perfección comporta:

 

  1.  
    • Responsabilidad o respuesta personal a los propios actos y a sus consecuencias. A ello se oponen la negación, la proyección, la represión como falsos caminos de defensa.
    • Esperanza como motor de actividad y forja de entusiasmo. Su enemigo: la desesperanza.
    • Ilusión y pensamiento positivo. Nada peor que anular nuestras propias posibilidades y dejar pasar las oportunidades. A ella se opone la anticipación negativa propia del pesimismo.
    • La alegría de rectificar. Errar es propia de la persona humana y saberlo es una ventaja. Practicar la sabiduría de rectificar. Y más si aprendemos del tropiezo. La búsqueda de la perfección entraña la posibilidad de perder batallas pero conduce a ganar la guerra.
    • Magnanimidad, alma grande, capacidad de enamoramiento. Hemos de saber cultivar buenas ambiciones y desdeñar las nocivas.
    • Perseverancia. Comenzar es de muchos, perseverar sólo de vencedores. La proyección que buscamos requiere comenzar, proseguir y persistir con determinación. La perseverancia es el antídoto del desaliento.
    • Saber priorizar. Una cosa es la actividad y otra la eficacia. Nuestras posibilidades son limitadas y hay que jerarquizarlas. Cada opción implica descartar otras muchas. Saberlo y considerarlo es un tesoro.
    • Compaginar amor y desasimiento, crecer en adaptabilidad, no dar cabida a la frustración. Es esta una vivencia altamente destructiva de la persona y de sus relaciones. Vacunarse frente a ella es un quasi-seguro de salud psicológico.
    • Dotar de sentido al propio quehacer y a sus consecuencias. Si el éxito está en lograr lo que deseas, la felicidad reside en desear lo que consigues. Dicho conforme a un proverbio popular la felicidad comienza donde la ambición acaba.

 

En conclusión, el camino está abierto para quienes quieran recorrerlo. A las escaleras de la perfección no les importa quien las suba, por ello siempre seremos bien recibidos.

A los perfeccionistas les gustaría tener la seguridad de que al final alcanzarán la perfección. A ellos y a todos, hay que decirles que en esta tierra no existe esa seguridad, sólo se dan las oportunidades, y para disfrutar de esas oportunidades hay que ser audaces, hay que entrar en el juego del riesgo.

 

 

 

 

9.Bibliografia

 

  1.  “Bienestar, autoestima y felicidad”.

      Gaja, Raimond.

      Editorial Plaza y Janés

 

  1. “Cuando lo perfecto no es suficiente.Estrategias para hacer frente al perfeccionismo”.

      Martin M. Antony-Richard P. Swinson.

      Editorial Desclée de Brouwer.

 

  1. “Nunca satisfecho”.

      Ramirez Bosco, Mónica.

      Editorial Amat.

 

  1. El regreso del hijo pródigo”.

      Henry Nowen.

      Editorial PC.

 

  1. “La autoestima del cristiano”.

      Esparza Espina, Michel.

      Editorial Belacqua.

 

  1. “El síndrome del Perfeccionista: El Anancástico”

      Alvarez Romero, Manuel.

Editorial Almuzara

 

  1. “Sabes pensar”

      Alvarez Romero, Manuel.

      Editorial Almuzara.

 

  1. “La libertad interior”.

      Jacques Phillipe.

      Editorial Rialp.

 

  1. www.sindromedelperfeccionista.com

 

  1. www.semp.org.es

      Sociedad Española de Medicina Psicosomática.

 

  1. www.psicosomaticaandaluza.org

      Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática.

 

11. www.psicosomatica.net

    Centro Médico Psicosomático de Sevilla

 

 

 

Manuel Alvarez Romero – Médico. Director del Centro Médico Psicosomático. Sevilla.

Ana Moreno Gómez–Psicóloga.

 

Sevilla a 5-Enero-2009

Publicado en Interpsiquis 2009

Niños perfeccionistas

RESUMEN

 

Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad es el Perfeccionismo. Conocido como “Síndrome del Perfeccionista” o Trastorno Anancástico de la Personalidad, estamos ante un condicionante sigiloso, de buena cara inicial, fuertemente arraigado, desconocido y devastador capaz de conducir a vidas aparentemente envidiables y de infelices crónicos.

 

La mejor sensibilidad que, para determinados valores, tienen los chicos a lo largo de su desarrollo psicológico evolutivo hace que la edad comprendida entre los 4 y los 7 años sea la más propicia para el despertar -con el consiguiente arraigo- de los rasgos obsesivos que caracterizan al Síndrome del Perfeccionista.

 

El empeño en la colocación simétrica de los objetos (libros, juguetes, cubiertos, etc.), los escrúpulos de conciencia, la minuciosa colocación del calzado, no admitir sin un berrinche los propios y ordinarios fracasos son señales de alerta.

 

Anancástico proviene del griego “ananké” y “anankasmós”, términos sugerentes de comportamiento obligado, necesidad. Se aplicó al viento que empuja  las velas de los navíos, al destino de los dioses.

 

Las escuelas más relevantes en este tema son las de Cambridge, Oxford, Toronto y Nueva York. El debate actual se centra en la pluricausalidad: genética, educación, hábitos, traumas infantiles, etc,

 

Los niños perfeccionistas son: Competitivos, sufridores, victimistas, empeñativos, luchadores, correctores, justicieros, sacrificados y voluntaristas.

 

La corrección del Perfeccionismo requiere un abordaje psicoterapéutico amable y confiado. En adultos y casos más arraigados suele ser precisa medicación con fármacos antiobsesivos a pequeñas dosis durante meses o años.

 

 

1.                  INTRODUCCIÓN

                         

Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica es algo que –consciente o inconscientemente- pretendemos siempre.

Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos (temperamento), psicológicos (criterios), actitudes y entornos educativos, sociales (afecto, cercanía, alegría, confianza, respaldo, carencias, etc.) y ese intimo núcleo operativo que es la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo, el uso y el buen temple personal.

Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona.

Uno de los defectos, “averías” o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la Personalidad es el Perfeccionismo. Conocido, también como “Síndrome del Perfeccionista”, o Trastorno Anancástico de la Personalidad, estamos ante un condicionante sigiloso, de buena cara inicial, fuertemente arraigado, desconocido y devastador capaz de conducir a vidas aparentemente envidiables y en esencia de infelices crónicos.

Luego, más adelante en el correr de la vida, el estudio, las amistades, o las relaciones familiares, la profesión, el mundo social o las aficiones son facetas que se resienten hacia dentro (infelicidad, ansiedad depresión, enfermedades psicosomáticas) o hacia fuera (enfados, conflictos, desencuentros, dificultad en la comunicación) en el conjunto de la personalidad del joven o del adulto.

La mejor sensibilidad que, para determinados valores, tienen los chicos a lo largo de su desarrollo psicológico evolutivo hace que la edad comprendida entre los 4 y los 7 años sea la más propicia para el despertar -con el consiguiente arraigo- de los rasgos obsesivos que caracterizan al Síndrome del Perfeccionista.

El empeño en la colocación simétrica de los objetos (libros, juguetes, cubiertos, etc.), los escrúpulos de conciencia, los sentimientos de culpabilidad, el contar exageradamente las losetas o las marcas del suelo, la minuciosa colocación del calzado, no admitir sin un berrinche los propios y ordinarios fracasos, etc. son señales para alertarse ante un posible perfeccionismo incipiente que requiere una serena corrección.

 

 

2.                  LAS SEÑALES DE ALARMA.

 

Algunas entre las más significativas son:

·                     Ordenar y reordenar repetidamente…..hasta adquirir sentimientos de que uno lo hace todo y que es la víctima al entero servicio de los demás.

·                     No tolerar el desorden, el desequilibrio o la asimetría…Algo fuera de su sitio es tomado como una bofetada y la agresión defensiva es dirigida hacia otros que “no entienden nada”.

·                     Previsión exagerada, hipercontrol hasta agotarse en el empeño.

·                     Necesidad de respaldo en cuanto a la buena voluntad con que actúa… requiriendo expresiones que nunca acaban de satisfacer.

·                     Intolerancia de los propios errores…!No es posible que a mí me haya ocurrido esto¡

·                     Hipersensibilidad ante las injusticias propias y ajenas…incluso las más nimias.

·                     Inseguridad interior, pero con el empeño de aparecer como persona de segura actuación y generando un creciente desasosiego.

 

 

3.                  DEFINICIÓN

 

·                     Anancástico proviene del griego “ananké” y “anankasmós”, términos sugerentes de comportamiento obligado, necesidad. Se aplicó al viento que empuja  las velas de los navíos, al destino de los dioses.

El anancástico, solemos decir que actúa por necesidad, es virtuoso por imperativo, le flaquea el buen uso y dominio de su voluntad y su libertad.

·                     Le es propia la actuación razonable y concreta pero exagerada en magnitud y duración. Así, se suelen trazar metas excesivamente elevadas y difíciles de alcanzar, pudiendo alcanzar esa exigencia, también a personas de su entorno. Esto no es más que la manifestación externa del extremismo que muestra su pensamiento, ya que tienden a hacer dicotómicas sus ideas en todo o nada.

·                     Es el apego a la norma incluso con inoportunidad y alto coste. Es una necesidad de comprobar que todo está correcto, eliminando al máximo la posibilidad de error. Esto suele conllevar dificultades notables para tomar decisiones, principalmente por la lentitud que conlleva revisar continuamente todo tipo de detalles, ya sea nivel mental o intelectual.

·                     Conlleva un subjetivismo exacerbado.

 

 

4.                  EL PERFECCIONISTA ¿NACE O SE HACE?

 

Las dos cosas. Se lleva en los genes y ha de salir al pensamiento y a la conducta desde la educación y el aprendizaje. Es, por tanto, cuestión de predisposición o vulnerabilidad y de “expresión de los genes”.

Una madre victimista, un padre hiperexigente, la aportación de modelos de excelencia sin espacio vital para los errores, … son espacios favorecedores del perfeccionismo.

No olvidemos que quienes aportan los genes son, de ordinario, los mismos que educan.

Aquí radica la importancia  de estar atentos para contrarrestar las tendencias perfeccionistas y equilibrar los rasgos de la personalidad.

            El Perfeccionismo es aprendido en la temprana infancia, en el momento en que los niños son elogiados y reconocidos por hacer las cosas bien. Así, las familias con perfil perfeccionista transmiten a los niños que sólo estarán satisfechas cuando, tanto las cualidades del niño como su conducta, sean perfectas.

 

 

5.                  EN LA PRÁCTICA: ¿COMO SON LOS NIÑOS PERFECCIONISTAS?

 

 

Los rasgos más destacados en los hábitos, actitudes y conductas de los niños perfeccionistas les hacen aparecer como:

 

·                     Competitivos.

·                     Sufridores.

·                     Victimistas

·                     Empeñativos

·                     Luchadores.

·                     Correctores

·                     Justicieros

·                     Sacrificados

·                     Voluntaristas.

 

 

6.                  PEFECCIONISMO Y VIDA ESPIRITUAL.

 

El perfeccionista suele ser persona afín a la espiritualidad. Necesita referencia normativa, reglas, exigencia, respaldo y autoridad. Es, por tanto, inclinado a la piedad y lo piadoso.

A la par, esta personalidad anancástica, se ancla en el subjetivismo y el voluntarismo de tal manera que ”todo lo pasa” por su personalísima perspectiva, y la apoya en su esforzada lucha personal.

Si toda vivencia religiosa se sustenta en los dos pilares de la lucha ascética y el abandono en la acción de la gracia divina, el perfeccionista sobrevalora la primera y elude la segunda que persiste casi como un adorno teórico.

Estas actitudes y estrategias suelen conducir a  cansancios, frustraciones y -tantas veces- a cambios radicales de actitud y de posición ante la fe o la práctica religiosa.

No es difícil aplicar – pensando en los hijos o alumnos- lo expuesto aquí como rasgos, actitudes, y conductas perfeccionistas al terreno de la vida espiritual para así elaborar pautas educativas saludables y eficaces.

En estos niños va mejor el fomento de una piedad no formalista y contabilizadora, así como la huída y la prevención del escrúpulo o de la rumiación culpabilizadora.

 

 

7.                  UNA NUEVA PRUEBA DIAGNÓSTICA:

EL CUESTIONARIO SEVILLA.

 

Es un instrumento de medida que consta de 24 items y estimamos que una puntuación indicadora de anomalía tendría el corte en torno a los 40 puntos.

 

Describa, con pocas palabras, cómo se dan estos aspectos en su conducta y cómo los vive habitualmente.

 

 

1.-

Perfeccionismo, detallismo, minuciosidad.

 

 

 

2.-

Hiperresponsabilidad.

 

 

 

3.-

Elevada valoración del orden, la limpieza, la puntualidad, etc.  Estimación alta de la normativa

( o sea, de los modos establecidos de hacer las cosas).

 

 

 

4.-

Imaginación exagerada, muy suelta.  Facilidad para la asociación de ideas de modo espontáneo.

 

 

 

5.-

Tendencia a la rigidez.  Dificultad para la flexibilidad ante los cambios que se producen respecto a lo previsto.

 

 

 

6.-

Sentido de la justicia muy marcado.  Le afectan mucho las injusticias propias o ajenas.

 

 

 

7.-

Radicalidad al enjuiciar la propia tarea, como buena o mala, en razón de la calidad lograda o del tiempo empleado, tendiendo a excluir las calificaciones intermedias (regular, mediano, casi bien, etc.).

 

 

 

 

8.-

Tendencia a prever y a “amarrar” los aspectos de un plan futuro.  Dificultad para vivir la imprevisión o la indeterminación de los planes.

 

 

9.-

Gran capacidad de análisis ante una situación concreta, considerando muchas posibles salidas o propuestas.

 

 

 

10.-

Pluralidad de opciones ante una situación o problema sin saber cual dejar porque ninguna es óptima pero tampoco es desechable.

 

 

 

11.-

Exigencia grande consigo mismo/a y con los demás. 

 

 

 

12.-

Dificultad para delegar por el convencimiento de que no harán las cosas con suficiente corrección.

 

 

 

13.-

Sobrevaloración de la opinión que los demás puedan tener respecto a la propia conducta.

 

 

 

14.-

Falta de espontaneidad y naturalidad en la propia actuación con tendencia a hacer lo que esperan de uno/a.

 

 

 

15.-

Teniendo seguridad intelectual (es decir, sabiendo que lo que se hace está bien o mal) hay falta de seguridad afectiva (o sea, necesidad de que los demás comprendan y aprueben la propia actuación, por eso se tiende a dar explicaciones de la propia conducta).

 

 

 

 

16.-

Autorreproche frecuente:  “Debo dar más”.  En fase depresiva se suele decir:  “soy una inutilidad”, “no valgo para nada”.

 

 

 

17.-

Escasa expresión de los propios sentimientos.  Tendencia a ser serio y formal.

 

 

 

18.-

Exagerada valoración de la eficacia y del trabajo con detrimento del disfrute por lo que se hace y por lo que se ha hecho.

 

 

 

19.-

Descuido de las relaciones interpersonales y las amistades en razón de que siempre hay algo más importante que hacer.

 

 

 

20.-

Con frecuencia, un estímulo concreto (teléfono, timbre, llamada, …), suele provocar en mi mente una respuesta concreta y segura,  pero después compruebo que se trataba de otra cosa o que venía a indicar un significado diferente, (no era para mí,  no era lo que esperaba, …).  Es decir, tiendo a anticipar las respuestas interiores.  ¿Me ocurre?

 

 

 

21.-

Tengo ideas fijas y reiterativas de difícil dominio o control.

 

 

 

22.-

Subjetivismo marcado.  Tendencia a la adhesión al propio punto de vista (que percibo como claro e indiscutible) de tal manera que tiendo a pensar que si los demás discrepan es porque les faltan datos, experiencia, entendimiento del problema, etc. si no, opinarían como yo.

 

 

 

23.-

Tendencia a resaltar más lo negativo y por hacer que lo positivo y ya hecho, tanto en mis tareas como en las ajenas.

 

 

 

24.-

Tendencia a conservar cosas por si resultan útiles alguna vez.  Cuesta desechar papeles, objetos, etc.

 

 

 

Total puntos:

 

 

 

 

 

 

 

Una vez cumplimentado relea las respuestas y valore  la intensidad de la respuesta de 0 a 3 puntos en el recuadro de la derecha.

 

0=Nada                        2=Bastante

1=Un poco                    3=Mucho

 

 

                                                                                                                                       

8.                  SU TRATAMIENTO ¿PASTILLAS O PALABRAS?

 

La corrección del Perfeccionismo requiere un abordaje psicoterapéutico amable y confiado dada la resistencia del paciente a aceptar el diagnóstico y, más aún, su tratamiento. Las terapias centradas en el abordaje del sustrato emocional ejercen un buen efecto en el alivio de los efectos negativos que conlleva el Perfeccionismo.

En los adultos y en casos más arraigados suele ser precisa una medicación, con fármacos antiobsesivos a pequeñas dosis, durante unos meses o años. De ordinario sin efectos secundarios.

En nuestra experiencia resulta de una indudable eficacia la administración de ISRS, en concreto, paroxetina (de 10 a 30 mg/dia) como preferente, durante los primeros meses. Puede mejorar el progreso a largo plazo la continuidad durante otro período, quizás un año, con dosis tan pequeñas como 5 mg diarios.

 

 

9.                  ¿SE CURA EL PERFECCIONISMO?

 

Al radicar el Perfeccionismo en la categoría de Trastornos de la Personalidad ha de considerarse como un patrón de conducta genéticamente arraigado. Será, pues, una tendencia permanente en la disposición, la actitud y la conducta de quien la presenta.

Su abordaje terapéutico no trata de erradicarlo sino de compensarlo, aminorarlo de tal modo que  ya no aparezca como perturbador en la vida personal familiar, social o profesional en el descanso o en las aficiones.

Así se alcanza esa situación, citada en la dedicatoria del libro “El Síndrome del Perfeccionista. El Anancástico” que alude a los perfeccionistas reconvertidos, aquellos que corrigen lo negativo de su condición temperamental, pero conservando lo positivo.

En todo caso, consígase o no una compensación plena, cabe siempre el logro de mejorías parciales que, mediante procesos de feed-back sanadores y compensatorios, dan lugar a una vida llena de calidad que nada tiene que ver con la que “ padecían” estos pacientes y las personas de su entorno. Factor importante en este logro es el trabajo psicoterapéutico siguiendo líneas cognitivo-conductuales que comprendan metas tales como:

          Que lo importante es ser feliz, no que las cosas sigan una normativa concreta.

          Que conviene vivir el presente sin que sea anulado por el antes y el después.

          Planear el hacer ciertas cosas no del todo perfectas, como si fueran ensayos de errores.

          Utilizar calificaciones empleando valores intermedios, y no sólo los extremos.

          Aprender a ser uno mismo, actuando y pensando por criterios propios. Autonomía no es independencia.

          Cultivar la sana autoestima y considerarse razonablemente importante para los demás.

 

 

10.              INVESTIGACIONES ACTUALES.

 

Las escuelas más relevantes en el estudio del Perfeccionismo son las de Cambridge, Oxford, Toronto y Nueva York.

El debate actual se centra en la pluricausalidad: genética, educación, hábitos, traumas infantiles, etc.

El patrón de conducta llamado tipo A, relacionado con el estrés cardiovascular y el infarto, viene a ser un modelo de personalidad próxima al perfeccionismo.

 

 

11.              EL PERFECCIONISMO EN EL NEW YORK TIMES.

                                                                               

En el New York de noviembre de 2007, se hizo eco de la actual problemática perfeccionista con las últimas investigaciones en USA. El Dr. Benedict Carey escribió en los siguientes términos:

Cualquier película de deportes, libro de bolsillo comprado en aeropuerto o cinta de motivación, da unas pocas y rígidas reglas para el éxito. Crea en sí mismo. No tome un no como respuesta. Nunca se dé por vencido. No acepte ser el segundo. Por sobre todo, sea honesto consigo mismo.

Es difícil discutir esas máximas. Parecen evidentes. Si no están escritas en la Constitución, al menos son parte de la marea cultural que inunda todo, desde el discurso dicho en el entretiempo de los encuentros deportivos hasta las conferencias institucionales y las clases de preparación para el test de aptitud escolar.

Sin embargo, unos estudios recientes advierten contra tomar las perogrulladas sobre el éxito con demasiada seriedad. La nueva investigación se centra en un tipo conocido, los perfeccionistas que sienten pánico o a quienes se les queman los fusibles si las cosas no salen bien.

Los hallazgos no sólo confirman que esos puristas a menudo están en riesgo de agotamiento mental -como Freud, Alfred Adler e incontables padres lo han predicho-, sino que sugiere que ese perfeccionismo es una lente valiosa para comprender una variedad de dificultades mentales aparentemente no relacionadas, desde la depresión hasta las conductas compulsivas y la adicción.

Tres tipos de perfeccionistas

Algunos investigadores dividen a los perfeccionistas en tres tipos, basados en las respuestas dadas en cuestionarios estándar: los luchadores orientados hacia sí mismos, que luchan para lograr niveles altos y que parecen estar en peligro de depresión por autocrítica; los fanáticos que se centran en lo externo y que esperan la perfección en los otros y que a menudo arruinan las relaciones, y los desesperados por alcanzar un ideal, que están convencidos de lo que los otros esperan de ellos, un factor de riesgo para el pensamiento suicida y los trastornos alimentarios.

“Es natural que la gente quiera ser perfecta en unas pocas cosas; digamos, en su trabajo; ser un buen editor o un buen cirujano depende de no cometer errores -afirmó Gordon L. Flett, profesor de psicología de la Universidad de York y autor de muchos estudios-. Es cuando esto se generaliza en otras áreas de la vida, el hogar, la apariencia, los hobbies, que se comienza a ver los verdaderos problemas.”

Contrariamente a las personas que tienen un diagnóstico psiquiátrico, sin embargo, los perfeccionistas ni luchan contra el estigma ni se consideran a sí mismos algo disfuncionales. Por el contrario, afirmó Alice Provost, asesora de la Universidad de California, que recientemente dirigió un grupo terapéutico para los miembros del personal que luchan contra impulsos perfeccionistas.

“Están muy orgullosos de serlo -agregó-. Y los altos valores de la cultura refuerzan sus actitudes.”

Consideremos un estudio reciente realizado por psicólogos de la Universidad Tecnológica de Curtin, Australia, que encontró que el nivel del pensamiento a “todo o nada” predijo lo bien que los perfeccionistas conducen su vida.

Los investigadores hicieron que los 252 participantes llenaran cuestionarios que evaluaban su nivel de acuerdo con 16 afirmaciones del tipo “Pienso de mí como alguien bajo control o fuera de control” y “Yo o me llevo muy bien con la gente o no me llevo para nada”.

Los participantes del estudio, cuanta más firmeza demostraban en esa manera de pensar, más probable era que mostraran un tipo de perfeccionismo extremo que puede conducir a problemas de salud mental.

En resumen, hay gente que no sólo absorbe muchas de las máximas para el éxito sino que las toma como absolutas. En algún nivel saben que es posible tener éxito luego de quedarse atrás (construir sobre los errores: otra regla estricta). El problema es que eso también apesta a mediocridad para ellos, decir lo contrario, es torcer el resultado.

Detrás de un ideal imposible

La carga de las expectativas perfeccionistas son demasiado familiares para quienes luchan contra un mal hábito. Quiébrelo sólo una vez, fume una sola vez, tome un solo trago, y en el mejor de los casos es un traspié; en el peor, una recaída, y más a menudo es una caída: un fracaso. Y si usted ya ha caído, bueno, puede ser que se sirva dos o tres más.

Por eso, los expertos han debatido durante mucho tiempo si está bien insistir en la abstinencia total como necesaria en el tratamiento del abuso de drogas. La mayoría de las clínicas de rehabilitación se basan en este principio: o uno está “limpio” o no lo está; no hay un nivel seguro de uso.

Esta posición incuestionablemente funcionó para millones de adictos, pero si los estudios sobre perfeccionistas son una buena guía, también ha perjudicado los esfuerzos de muchos otros.

Provost aseguró que los participantes de su programa a menudo mostraron síntomas de trastorno obsesivo compulsivo, otro riesgo para los perfeccionistas. No podían soportar un escritorio desordenado. Encontraban casi imposible dejar un trabajo por la mitad, para hacerlo al día siguiente. Algunos invertían absurdamente largas horas en rehacer una tarea, buscando un ideal que sólo ellos podían ver.

Como experimento, Provost hizo que miembros del grupo abandonaran a propósito, en contra de sus propios instintos. “Esto fue hecho en el contexto del trabajo -afirmó-. Y pareció que eran cosas pequeñas, porque lo que algunos de ellos consideraban un fracaso era lo que la mayoría de la gente consideraría algo sin importancia.”

Retírese del trabajo a la hora justa. No llegue temprano. Tómese todos los recreos permitidos. Deje el escritorio en desorden. Permítase una serie de intentos para finalizar un trabajo; luego retome lo que ya tiene.

“Y luego pregúntese: «¿Fui castigado? ¿Continuó funcionando la universidad? ¿Se siente más feliz?» -dijo Provost-. Estaban sorprendidos porque sí; todo continuaba funcionando, y las cosas por las que ellos se preocupaban no eran tan importantes.”

Los británicos tienen un dicho para alentar a la gente a mostrar sus habilidades a la vez que se burlan del temor universal al fracaso: hágalo lo peor que pueda.

Si uno no puede tolerar hacer algo mal, al menos de vez en cuando, ¿hasta qué punto puede ser honesto consigo mismo?

 

12.              ELOGIO DEL BUEN HACER.

 

Aunque a nivel teórico o exclusivamente tecnificado, con sabor hedonista y sin la necesaria profundidad antropológica, está en alza, hoy en día, hablar de excelencia, de aspirar a lo mejor. Pero a la vez es muy frecuente la chapuza, el “ya vale”, el camuflar con los medios técnicos la imperfección consentida, etc.

Es propio de la naturaleza del hombre ir a más, prosperar, aspirar a algo nuevo y mejor. Así nos  aproximamos a la endaimonía,  a la vida buena, orientada por la ética. Es el camino de perfección que nos señalará, en todo momento, los criterios que necesitemos para alcanzar la felicidad. Si el anhelo de felicidad es uno de los objetivos prioritarios del hombre, la búsqueda de la perfección, a través de la vida buena, es uno de sus caminos más certeros.

Al decir perfección aludimos a un quehacer excelente, lo mejor que nos es posible, y aquí ha de ser considerado un nuevo enfoque, el de la eficiencia, el hacer algo bien considerado junto al coste que conlleve. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Y lo bueno es algo relativo en cada caso concreto. Es, pues, la perfección un entrelazamiento de lo técnico y lo estético, de lo material y espiritual que se da en todos los hechos que vive el hombre.

La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del “folleto explicativo” que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.

El camino hacia la perfección comporta Responsabilidad o respuesta personal a los propios actos y a sus consecuencias. A ello se oponen la negación, la proyección, la represión como falsos caminos de defensa. Y Esperanza como motor de actividad y forja de entusiasmo. Su enemigo: la desesperanza. Y también Ilusión y pensamiento positivo porque nada peor que anular nuestras propias posibilidades y dejar pasar las oportunidades. A ella se opone la anticipación negativa propia del pesimismo.

Resulta de gran eficacia la alegría de rectificar. Errar es propia de la persona humana y saberlo es una ventaja. Practicar la sabiduría de rectificar. Y mas si aprendemos del tropiezo. La búsqueda de la perfección entraña la posibilidad de perder batallas pero conduce a ganar la guerra. Y qué decir de la Magnanimidad, ese disponer de alma grande, de capacidad de enamoramiento que conduce a saber cultivar buenas ambiciones y desdeñar las nocivas.

El camino de la Perfección implica el Saber priorizar. Porque una cosa es la actividad y otra la eficacia. Nuestras posibilidades son limitadas y hay que jerarquizarlas. Cada opción implica descartar otras muchas. Saberlo,  considerarlo y vivirlo es un tesoro. Y también el Compaginar amor y desasimiento, saber crecer en adaptabilidad sin dar cabida a la frustración. Es esta una vivencia altamente destructiva de la persona y de sus relaciones. Vacunarse frente a ella es un quasi-seguro de salud psicológico.

Y como colofón hablaremos de la Perseverancia: Comenzar es de muchos, perseverar solo de vencedores. La proyección que buscamos requiere comenzar proseguir y persistir con determinación. La perseverancia es el antídoto del desaliento. Y mantener a lo largo de nuestra vida ese saber Dotar de sentido al propio quehacer y a sus consecuencias. Si el éxito está en lograr lo que deseas, la felicidad reside en desear lo que consigues. Dicho conforme a un proverbio popular la felicidad comienza donde la ambición acaba.

 

 

13.  PERFECCIONISMO VERSUS PERFECCIÓN

 

En conclusión, el camino está abierto para quienes quieran recorrerlo. A las escaleras de la perfección no les importa quien las suba; por ello siempre seremos bien recibidos.

Lo más importante es saber valorar que la perfección consiste en apreciar cada esfuerzo y enseñanza que se obtiene a lo largo del camino, donde hay cabida para los errores, las equivocaciones, las carencias, las deficiencias y el no conseguir, a cada paso, la meta perfecta, no estropea el buen  hacer que pretendemos.

A los perfeccionistas les gustaría tener la seguridad de que al final alcanzarán, con absoluta certeza, la perfección. A ellos y a todos hay que decirles que en esta vida no existe esa seguridad, sólo se dan las oportunidades y para disfrutar de esas oportunidades hay que ser audaces, hay que entrar en el juego del riesgo.

 

 

14     .  BIBLIOGRAFÍA

 

  1. “Bienestar, autoestima y felicidad”.

      Gaja, Raimond.

      Editorial Plaza y Janés

 

  1. “El síndrome del Perfeccionista: El Anancástico”

      Alvarez Romero, Manuel.

Editorial Almuzara, 2ª edición.  2008

 

  1. “Cuando lo perfecto no es suficiente. Estrategias para hacer frente al perfeccionismo”.

      Martin M. Antony-Richard P. Swinson.

      Editorial Desclée de Brouwer.

 

  1. “Nunca satisfecho”.

      Ramirez Bosco, Mónica.

      Editorial Amat.

 

  1. El regreso del hijo pródigo”.

      Henry Nowen.

      Editorial PC.

 

  1. “La autoestima del cristiano”.

      Esparza Espina, Michel.

      Editorial Belacqua.

 

  1. “¿Sabes pensar?”

      Alvarez Romero, Manuel.

      Editorial Almuzara.

 

  1. “La libertad interior”.

      Jacques Phillipe.

      Editorial Rialp.

 

  1. www.sindromedelperfeccionista.com

 

  1. www.semp.org.es

      Sociedad Española de Medicina Psicosomática.

  1. www.psicosomaticaandaluza.org

      Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática.

11. www.psicosomatica.net

    Centro Médico Psicosomático de Sevilla

 

 

Manuel Álvarez Romero – Medicina Interna. Director del Centro Médico Psicosomático. Sevilla

Ana Moreno Gómez- Psicóloga

Auxiliadora Chávarri Pérez- Psicóloga

 

 

                                     Sevilla, 2- Enero-2000

   Publicado en Interpsiquis 2009

 

Cuando no es uno, sino dos

Hace unos días recibí una  simpática carta de un remitente desconocido para mí. Hablaba de la publicación de El síndrome del perfeccionista. El Anancástico  y de su favorable acogida en el ámbito general y en el de la medicina psicosomática. Siempre es alentador recibir la aprobación de los expertos y sentirse  avalado por el respaldo de los colegas. Pero, en ocasiones, resulta aún más valioso el beneplácito y el estímulo que proviene de la gente sencilla, de a pie. 

Esta experiencia es la que he vivido con la carta de un amable lector de Ciudad Real. Me agradece el libro, me dice cómo tuvo noticia de él y –he aquí lo más interesante- me sugiere añadir un nuevo capítulo que sería como la guinda del pastel: el caso de un matrimonio formado nada menos que por dos perfeccionistas. Quizás algún día me anime a escribirlo, y seguramente lo incluiré cuando publique la tercera edición. 

Pero de momento, ofrezco esta pequeña joya epistolar, con la que me he sonreído y reído, de la que tanto he aprendido. Porque el libro más enriquecedor, del que siempre debemos aprender, es el libro de la vida. Y en esta carta, más que ciencia empírica o teórica, lo que rezuma por todos los poros es una espléndida y luminosa experiencia de la vida.

Aquí la tienen por si también a ustedes les aporta sabiduría:

Don Manuel Álvarez Romero: 

Si hasta la fecha con sus libros, estoy seguro, habré ayudado a mejorar algo el nivel y el bienestar en la vida de sus lectores, deseo que en el 2009, con sus puntos de vista y opiniones, anime a quienes aún estamos a tiempo de mejorar un poco. 

Un amigo me ha recomendado “EL SINDROME DEL PERFECCIONISTA” de lo cual me alegro.  Prácticamente estoy terminándolo, pero ya tengo ganas de preguntarle: ¿Cómo no dedicó un capítulo sobre el caso de un matrimonio formado por DOS PERFECCIONISTAS, EL Y ELLA? 

Veo ejemplos de un perfeccionista conviviendo con un compañero, con un jefe, un subordinado, un amigo, con su cónyuge, etc, pero no encuentro el perfeccionista casado TODOS LOS DÍAS, LAS 24 horas, con la perfeccionista. “EL” y “ELLA”. 

Los problemas de “EL” podrían ser cien, los de “ELLA” otros cien, pero a mi entender no se suman, se MULTIPLICAN, ¡son diez mil…!.¿Podría usted ayudarnos a que se restaran?. 

Por su libro veo compartir sus trabajos entre Sevilla y Madrid, el AVE (algunos) paran en Ciudad Real, un día podría apearse un rato y coger el AVE siguiente u otro, podríamos charlar, y si nos diera tiempo prepararía una mesa para tres: para usted, para “ELLA” y para “EL”.  La comida sería agradable, estoy seguro, por lo menos para “EL” o sea para mi, y de gran ayuda. 

Un cordial saludo,

 N N

Inmaculada

Hola!

Usted no me conoce. Mi nombre es Inmaculada, tengo 32 años y trabajo en una empresa de comunicación en una ciudad levantina. Hace unos días, por azar, cayó en mis manos su libro “El síndrome del perfeccionista: El Anancástico” y ha sido un auténtico descubrimiento para mí. Hace años que sé que algo no va bien en mi cabeza, especialmente desde que murió mi padre hace seis años a consecuencia de una larga y penosa enfermedad (y sí, Valencia es muy estresante y mi trabajo también pero tiene que haber algo más para tanta ansiedad, tanta depresión y tanto CONTROL). Y hoy por fin, gracias a su libro, lo he averiguado. Y he averiguado también que TODOS en mi familia ( y somos cuatro hermanos) tenemos el mismo problema en mayor o menor grado: todos “perfectos” licenciados y tan encantadores como responsables. Envidiables en apariencia, infelices crónicos en esencia. Mi caso no es severo, es más bien leve o moderado (hago maravillas con la valeriana) pero alguno de mis hermanos es bastante peor aunque tengo claro, lo he hablado con ellos, que no tienen voluntad de solucionarlo. Pero yo sí que quiero intentarlo porque hay un lado de mí muy optimista que sabe que la vida también puede ser muy divertida y que sólo hay que saber relajarse y disfrutarla. Necesito que alguien me enseñe cómo hacerlo y por eso, además de mi más encarecido agradecimiento me gustaría -si no es molestia- que me aconseje algún psicólogo, médico o terapeuta donde poder tratarme. Varias veces he ido a sicólogos pero nunca he durado más de tres semanas por escepticismo o porque directamente no sentía que “me entendieran”.

Y nada más. Imagino que para alguien tan ocupado como usted igual es complicado atender mi mail, así que lo entenderé si no puede hacerlo. En cualquier caso, le reitero de nuevo mi agradecimiento.

Inmaculada.

Confidencias de un amigo

Relato breve por: “El cachondo de los santos inocentes”
Javier M. de P. (Madrid)

Capítulo I

– ¿Entonces mañana a las diez en la puerta de tu casa?–preguntó Javi a su amigo Chema-.
– Si, si, venga nos vemos. – Contesto éste.

Javi y Chema eran amigos de toda la vida. Se conocieron en el colegio y desde entonces su afición al senderismo les unía casi todos los fines de semana. Y como Chema se “sentía” responsable de su amigo, aprovechaba cualquier ocasión para explicarle algunas cosas a Javi, que a la vez se empezaba a sentir algo intrigado pero comprendía con mucho sentido las cosas que su amigo le decía. Así le quedo claro que cada persona era consecuencia de su libertad, que tenemos unos dones que Dios nos ha dado para conseguir el ser buenas personas y que hemos de cultivar el resto, aunque, por supuesto, también influye la genética y el ambiente en el que nacemos, lo que genera un ser único e irrepetible.

– Oye, ¿y tu como conoces estas cosas tan bien? – pregunto Javi.
– Bueno, no es nada especial, es que últimamente he estado leyendo un libro que se llama “El síndrome del perfeccionista”, de un tal Dr. Manuel Álvarez que dice estas y otras cosas “mu raras” – le respondió Chema.

En esa excursión, Chema le propuso a Javi que fuera a visitar al tal Dr. Álvarez a su clínica de Madrid. Chema, que conocía a su amigo y que él también era perfeccionista, sabia lo duro que resultaba serlo.
Javi acusaba problemas de sueño, pero en verdad esos no eran más que problemillas subjetivos por encima del verdadero problema de fondo. Sabía que con cariño y paciencia podría conseguir que Javi se quitara los pensamientos de autoculpa y fuese más feliz, porque le había echado la culpa a sus estudios, a la familia, y a tantas cosas y ahora Chema le podía ayudar a encontrar la solución.
Pues que sorpresa, Chema no era el único perfeccionista del planeta y ahora le correspondía ayudar y hacérselo ver a Javi. En este momento callaban y Chema pensaba en el día en que se enteró de que él lo era: Tampoco le afecto mucho, por no decir nada, pero se preguntaba qué era eso del perfeccionista, hasta que, con la ayuda médica, notó que en sus estudios las cosas comenzaban a cambiar, que ya no luchaba contra un fantasma, sino contra algo material y que todo le comenzaba a sonreír con mucho menos esfuerzo. Era un gran alivio y ¡lo habían notado hasta en su casa!
Es curioso –pensaba- casi siempre el perfeccionista es el último en enterarse. ¿Y porque se lo dice alguien! Ahora recuerdo como, antes, sufría si algo no estaba totalmente bien hecho, hasta el detalle mas nimio. Y además no bastaba solo con eso sino que tenia que obtener la “aprobación” de los demás. No vamos a negar que en la vida va a haber dolor siempre, pero también es cierto que al medico y al buen amigo, a la persona que te conoce bien, le corresponde aliviarlo.
– Menos mal que me dejé arreglar – pensaba Javier – a pesar de que me daba un poco de vergüenza de que alguien supiera mis cosas más intimas… La verdad es que hay que dejar que el médico haga su trabajo que será para bien.
– ¡Oye tío! Cuéntame algo – protestó Javi – ¡que parece que estás resolviendo un sudoku mentalmente de lo callao que estás!

Capítulo II
De nuevo de excursión, Chema ya le había referido cual creía que era el problema de Javi. Habían hecho falta excursiones de valentía y tiempo para que al final Chema se lanzase a exponerle su sincera opinión a su amigo:
– Mira, creo que tu problema es que a veces la autocrítica te corroe de tal manera que hasta te dan ganas de suicidarte, ¿a que si? Tu eres un perfeccionista como yo: antes yo era un “debería hacer esto, lo otro” constantemente, pides siempre la excelencia a pesar de que a veces no sabes hacerlo… y estás siempre con el “runrún”, – le explicaba Chema – una cosa es la actitud normal de querer hacer las cosas bien y otra muy distinta es esa insatisfacción, el pesimismo de que siempre se puede hacer mejor… a esto se le llama perfeccionismo neurótico. Por eso estás tan delgado, porque te corroe el afán de perfección de tonterías.
– Bueno, ya sabes que no me sale nada bien desde hace 6 o 7 años –comenzó a responder Javi-. Si, es verdad que parece que nunca me conformo con mis deberes y a veces me pongo propósitos que quien los vea pensará que “ me faltan unas tuercas…” Incluso a veces a ti también te “he dao la vara con esto”. Y en casa igual, porque quiero que la gente me vea como una persona que mola y un chaval guay según la gente que me ve aunque sea un minuto y por eso me esfuerzo en cumplir esas expectativas. Y pensar lo duro que he sido con la gente, en casa o contigo por conseguir eso… Y cuando a veces lo consigo parece como si hubiera estado tirado…
-Para algo están los colegas, ¿no?
Y Javier se daba cuenta de que estaba dando en el clavo: sus mismos pensamientos, ideas de perfeccionista hace 4 meses más o menos: que si el mundo se divide en superhéroes y en pringaos, que si a veces no lograba hacer tal cosa pues era culpa de otro, siempre renovando propósitos, con miedo a ser juzgado negativamente, etc… Comprendía que el camino residía más bien en ser un tío alegre, que afronta la realidad y lucha esperanzado y alegre. Si no, te ahogas a ti mismo en un charco.

Capítulo III

Javi todavía no sabía aceptarlo, pero desde la pasada excursión pensaba que si su amigo no le había fallado nunca, algo de razón podría tener y por eso se leyó el libro del perfeccionista que ya hemos citado.
– Oye, pues sabes que vas a tener razón – le dijo en un descanso, un día, Javi a Chema.
– Pues claro, si da tres el problema de álgebra.
– No tonto, en lo del perfeccionista. Es que me estoy leyendo el libro ese que me dijiste y tienes razón. Hasta he hecho una lista con las cosas de que me doy cuenta que me pasan y son síntomas de esta cosa rara que me has dicho, mira. Y sacó de su bolsillo el papel del bocata en el que había apuntado las cosas en las que se identificaba con la descripción del libro.
-¿Ves, ves? Los objetivos incumplibles, la autocrítica constante, la magnificación de chorradas, el perpetuo pensamiento de que estarán opinando de mí los demás, el andar cuidando al máximo los detalles…
– Si, si – interrumpió Chema – como si fueran examinadores, vamos, que nos dan su beneplácito o nos ahorcamos.
– Eso es – continúo Javi –. Más cosas: la responsabilidad absoluta, sin poder delegar ni una parte del trabajo en equipo. La constante sensación del deber hacer algo… Además siempre estoy comprobando cosas y por eso a veces voy lento al estudiar, porque siempre voy haciendo cálculos de toda clase. Y cuando no se que hacer me da vergüenza delegar o preguntarlo y acabo por no hacerlo.
– Bueno, pues ahora que te das cuenta, a luchar, ¿no?
– Pero cómo, si soy perfeccionista por culpa del ambiente que me rodea, por mi familia, mis estudios, ¿cómo lo voy a superar?. Si parece que incluso durmiendo tengo pánico al error, parece que viene una gran piedra sobre mí…
– Bah, no te preocupes demasiado, no eres ni el primero ni el ultimo, solo mira a las personas que se sienten inferiores: tienen tal afán de superación que no aceptan ni una… No todos pero seguro que ahí hay más de uno.- respondió Chema. – Pero el rechazo al perfeccionismo es totalmente posible ¿eh?, mira al típico chaval rebeldillo de la calle que se cree algo y en su casa luego su padre le dice que estudie y es un empellón. Fíjate en ese que si depende de cómo le vean los demás: si falla en su posición de malote luego se “taladra” con la autocrítica. Para evitar esto no puede fallar, depende de lo que destaca. Y todo el rato viéndose el ombligo, a ver que tal estoy, que aparento…. Es curioso, siempre tiene cara de pivula, porque si cumple sus expectativas piensa que el objetivo era demasiado fácil, y si no las cumple se “taladra”, así que para esa agonía es que no compensa…
– Pues va a ser eso, ¿eh? Oye que empieza mi clase, luego te llamo. ¡Hasta luego!

Continuará…………………..

Madrid 1-IX-2008

Aprender a equivocarse

Anancástico es la palabra con la que se designa a la persona que tiene una tendencia tan acentuadamente perfeccionista, que llega a constituir una enfermedad o al menos una notoria anomalía.

Podemos afirmar que “una de las virtudes-defecto más cuestionables es el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez. He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.
Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino. Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando” (José Luis Martín Descalzo).

Como decía Maxwel Brand, “todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error”. Por eso lo importante no es tanto qué fallos cometemos sino cómo nos reponemos de ellos.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido, como sigue diciendo nuestro autor: “Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección. Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque es mejor un plato roto que un niño roto. Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos. No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados”.

Lo más importante en la vida no es hacer lo correcto sino amar, no está la excelencia en la competitividad -ser más que los demás-, sino en dar lo mejor de nosotros mismos. La competitividad es una señal de carencia, el lado oscuro de la vida. No es ganar sino perder, pues todos estamos interconexionados y si competimos lo hacemos, al final, contra nosotros mismos.

Lo bueno es no competir sino compartir: ser una mente creativa, con sueños e ilusiones, solidaridad y perdón. Guardar rencor o culpabilizar a alguien por algo que ha sucedido en el pasado, sólo perjudica a uno mismo. Y cuando no haya ido bien la cosa aprendemos a rectificar y volvemos a empezar. Así al dar lo mejor de ti mismo, los demás en lugar de huirte se verán atraídos hacia ti porque irradias buenos sentimientos, transmites amor, que es participación de un Dios que es amor y que se nos da, especialmente en los sacramentos que, por eso mismo, son también fuente de amor.

Llucià Pou Sabaté
Barcelona-Granada. 26 de julio de 2008

¿Es grave, doctor?

Un espeluznante testimonio sobre el “Advanced Modelling Syndrome” (AMS), una peculiar modalidad de Perfeccionismo.

Verá doctor, tengo un amigo modelista, como yo. Es muy amigo mío y llevamos haciendo maquetas muchos años, pero últimamente me tiene preocupado. Mi amigo solía acabar varías maquetas al año, como yo.
La verdad es que le quedaban bastante bien y se sentía orgulloso de enseñárselas a otros amigos modelistas de los que recibía comentarios muy positivos. Al principio hacíamos las maquetas de caja, o como mucho con alguna mejora casera para corregir algún fallo muy evidente. Sin embargo, poco a poco mi amigo se fue sumergiendo en el proceloso mundo de los fotograbados, resinas y accesorios varios. Al mismo tiempo empezó a comprar libros y revistas para saber más de aquellos vehículos que construía en maqueta, de sus especificaciones técnicas, de sus esquemas de camuflaje, de las unidades que los utilizaron, del periodo histórico durante el que se desenvolvieron, etc. Mi amigo llegó a ser una enciclopedia andante. De algunos de sus vehículos favoritos lo sabía todo. Bueno, casi todo. Hace algún tiempo además empezó a navegar por Internet para buscar más información todavía, visitaba varias docenas de foros asiduamente y tenía entre sus favoritos un listado enorme de páginas relacionadas con el modelismo.
Pues bien, doctor, como le digo, la productividad de mi amigo ha bajado considerablemente en los últimos tiempos. Bueno, ya ni recuerdo cuando acabó una maqueta por última vez. Y no es que no maquetee, no. Siempre que encuentra un rato se pone a pegar dos piezas, eso si, rodeado de libros y fotos sacadas de Internet.
Mi amigo tiene aproximadamente una docena de maquetas en diferentes fases de montaje, algunas repletas de fotograbados, resinas y trocitos de plástico y metal, tantos que casi no se sabe cual es la maqueta de origen. “Es que no hay ninguna maqueta que no tenga errores” me suele comentar.
Y a veces le pregunto “¿Y por qué no te concentras en alguna y la acabas de una vez?”.
“Verás” –me contesta- “Es que en esta me falta saber como era este detalle del tubo de escape. Por mucho que busco en mis libros no encuentro una imagen en la que se pueda apreciar este detalle, pero ya he preguntado en 14 foros de Internet y espero a ver si alguien sabe algo”.
O bien “Es que las ruedas que trae la maqueta son 2 mm. más pequeñas que lo que deberían ser y no valen. Me compré estas ruedas de resina, pero he sabido que no fueron utilizadas en África, que es donde quiero situar la maqueta. Estoy esperando porque he oído rumores de que “The milk productions” va a sacar unas ruedas que son justo lo que necesito”.
O también “Después de añadir los 253 remaches que le faltaban al cubremotor, alguien me ha mandado una foto en la que se aprecia muy claramente que tienen la cabeza plana, y no semiesférica como yo los he puesto, así que tengo que cambiarlos”.
Yo le digo, “Pero, ¿qué más da?”.
“No puedo permitírmelo, tengo que hacer mis maquetas muy bien hechas”, me contesta.
Proporcionalmente a la lentitud de mi amigo, el número de maquetas sin hacer que tiene en casa aumenta hasta límites peligrosos para su convivencia conyugal. Porque no habrá ninguna maqueta que no tenga errores, pero –eso sí- maqueta que sale, maqueta que compra. Y no solo la maqueta, sino toda la parafernalia de accesorios que la rodea.
Como ve doctor, la situación de mi amigo es como para preocuparse. En los foros de modelismo de Internet (si, bueno, yo también visito de vez en cuando los foros de Internet), se describe el comportamiento de mi amigo como “Advanced Modelling Syndrome”, algo así como el síndrome del modelismo avanzado, o AMS.
Efectivamente, sus síntomas se han descrito con toda precisión:
-Obsesión por el detallado de una maqueta y acumulación compulsiva de información.
-Los proyectos modelísticos se alargan por meses, y se detienen ante la falta de información acerca de cómo detallar algún oscuro rincón, hasta que surge una foto del dichoso detalle, si es que finalmente aparece.
-En estadios avanzados de la “enfermedad” el modelista queda bloqueado y su afición, lejos de convertirse en una diversión, se convierte en una fuente de frustración, preocupación y estrés. Vamos, lo que le pasa a mi amigo.
La cura de desintoxicación habitual que se prescribe para el AMS es la construcción de alguna maqueta de caja de cuando en cuando, especialmente cuando el afectado por el síndrome se encuentra atascado en una zona oscura de su maqueta o simplemente cansado de añadir minúsculas piezas de fotograbado. Se recomienda, sobre todo, emplearse en alguna maqueta de la que se disponga de poca información para no caer en la tentación, incluso de algo completamente diferente de lo que se suele hacer habitualmente. Por ejemplo, para tanqueros irredentos como yo iría bien un avión, o algo de ciencia ficción. La verdad es que no se si sería capaz de hacer una maqueta de caja ahora. ¿Dije yo?, bueno, quería decir mi amigo, claro. Además, ni los aviones ni otra cosa que sean los carros de combate interesan a mi amigo, y hacer una maqueta a 1/35 sin detallar… ¡bufff, pero si lo están pidiendo a gritos!. Algunos expertos sugieren hacer algún tanquecillo a 1/72. Parece ser que ahora hay maquetas muy buenas a esa escala, que se pueden montar de caja con resultados asombrosos, y dado que son más pequeñas, la maqueta “no pide” tanto detallado y se disfruta un montón. No se, quizá debiera intentarlo. Mi amigo, me refiero a mi amigo, por supuesto. No piense mal, ¡eh!
He visto, doctor, que usted ha escrito artículos sobre el tema este del AMS en prestigiosas revistas internacionales, y por eso recurro a usted. ¿Qué le parece doctor, es grave lo de mi amigo?.

Modesto Compuesto Incompleto Informático y Maquetero
Madrid 13-7-2008

Conocer para tratar

PERFECCIONISMO Y ANANCASTICISMO: CONOCER PARA TRATAR

Perfeccionismo y Anancasticismo son términos semejantes utilizados en psicopatología, uno y otro, por sectores profesionales diferentes. Lo anancástico encaja mejor en el ámbito de la Psiquiatría mientras que el perfeccionismo resulta más familiar en el mundo de los psicólogos.

Es de reciente aparición en el mundo editorial un libro sobre el tema: “El síndrome del perfeccionista: El anancástico. Cómo superar un problema tan común y devastador”, de Manuel Álvarez Romero y Domingo García-Villamisar. Editorial Almuzara. 2007.

Se trata de un excelente libro de autoayuda, incluido en la “Biblioteca de desarrollo personal”, centrado en el conocimiento, la identificación y el tratamiento del síndrome perfeccionista, habitualmente asociado a una personalidad obsesiva o anancástica de base, desde la perspectiva cognitivo-conductual.

Los autores revisan los antecedentes bibliográficos actualmente existentes sobre el perfeccionismo, y lo describen en sus tres dimensiones básicas: el orientado hacia uno mismo, el orientado a los demás y el prescrito socialmente. Asimismo refieren las características diferenciales del perfeccionismo positivo, adaptativo o sano, y el negativo, patológico o desadaptativo, así como sus principales manifestaciones clínicas.

De especial interés son los contenidos sobre la dinámica psicopatológica del perfeccionista que reproducimos por su interés, con permiso de los autores:

La dinámica psicopatológica del perfeccionista

En este apartado analizamos con cierto detalle el origen del perfeccionismo y la dinámica del mismo a lo largo del ciclo vital.

a) ¿Cómo se aprende a ser un perfeccionista?

Con independencia de los factores genéticos que puedan determinar el desarrollo del perfeccionismo, diversas líneas de investigación procuraron desvelar en los últimos años el camino del perfeccionismo desde una perspectiva psicológica.

Para ciertos autores, el perfeccionismo se aprende en la temprana infancia, mediante el reconocimiento y el elogio que reciben los niños por parte de sus allegados por hacer bien las cosas. Es decir, en las familias perfeccionistas, los niños aprenden que el beneplácito de los padres sólo llega cuando el niño es perfecto, bien sea por sus cualidades, bien sea por lo que hace.

Otra vía de aprendizaje del perfeccionismo es a través de la imitación. Muchos perfeccionistas aprendieron a serlo ya desde niños al pretender ser tan perfectos como sus padres.

En otros casos el perfeccionismo surge como reacción a un ambiente familiar empobrecido y caótico, donde es muy probable que se hayan dado situaciones de pobreza, abuso físico y psicológico, desapego afectivo, etc. Algunos niños reaccionan a esta situación adoptando una forma de vida perfeccionista que le aleja de esa situación de adversidad.

Otra posible vía de aprendizaje del perfeccionismo es a través de la ansiedad condicionada. Algunos perfeccionistas refieren que sus padres eran muy ansiosos y centraban toda su atención educativa en los errores y en las consecuencias negativas que de los errores se pudieran derivar. Estos padres generalmente expresaban su preocupación en torno a la imperfección y sobreprotegían al niño de esos errores, recordándole lo vergonzoso que sería tener tropiezos en el futuro. Así estos niños paulatinamente sienten la necesidad de evitar las amenazas asociadas con los errores anticipados.

Pero también se puede llegar a ser un perfeccionista a través de la presión ambiental, la cultura, los compañeros, los profesores, el trabajo o la actividad que uno realiza. Pensemos, por ejemplo, en la influencia que ejercen los medios de comunicación en la necesidad de una imagen perfecta del cuerpo, a través de los anuncios, los modelos de publicidad, etc. A veces, la influencia de un profesor perfeccionista puede motivar un estilo de aprendizaje nocivo que induce a ciertos alumnos a un aprendizaje perfeccionista.

En última instancia, los factores inherentes a la persona también pueden motivar un comportamiento perfeccionista. En principio cabría suponer que el perfeccionismo puede ser una respuesta personal a un cierto sentimiento de inferioridad. Quien se siente inferior trata de compensar o enmascarar su complejo con un comportamiento extraordinario, proclive al perfeccionismo. A veces se observa esta actitud en personas que sufren alguna minusvalía física, por ejemplo, la personas con ceguera.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que en el aprendizaje del perfeccionismo influyen ciertas variables de personalidad. Así por ejemplo, los niños que muestran una actitud abierta a los demás es más probable que sientan con más fuerza la presión de los padres y de la propia sociedad para alcanzar altas cuotas de logro que aquellos otros niños que muestran una actitud más cerrada u opaca a esas exigencias. Es muy posible también que el perfeccionismo arraigue con más facilidad en aquellos niños que estuvieron expuestos a unos modelos educativos que perseguían la excelencia académica.

En este breve repaso no podemos dejar fuera de foco la posible influencia del temperamento. Aunque esta variable ha sido muy poco estudiada, algunas investigaciones observaron como los adultos perfeccionistas muestran un perfil de temperamento caracterizado por la evitación del peligro y una baja tendencia a la búsqueda de sensaciones nuevas. En general, desde una perspectiva clínica, los perfeccionistas se caracterizan por sentimientos de temor y desasosiego por posibles amenazas futuras, miedo al fracaso, preocupación en torno a los posibles errores, intolerancia con las críticas, necesidad de reconocimiento social y tenacidad en la lucha por el éxito. Este perfil temperamental parece que determina la gran sensibilidad que muestran los perfeccionistas a los premios y a los castigos, tal como analizaremos más adelante.

b) El rechazo del perfeccionismo.

Tal como describimos en el párrafo anterior, muchas personas llegaron a ser unos perfeccionistas como una forma de escape a la presión social a la que estaban sometidos. Pero, paradójicamente, otros individuos, a pesar de sufrir una presión semejante, sin embargo, no cedieron al perfeccionismo. ¿Cuál es la explicación psicológica que se puede avanzar para dar cuenta de esta aparente paradoja?

Hace ya más de dos décadas que los psicólogos crearon el término reactancia para referirse a la resistencia que muestra los seres humanos hacia todo aquello que les hace perder su libertad. En otras palabras, cuando una persona se siente acorralada por un sistema, unas normas, unas costumbres, etc, que le asfixian y no le dejan vivir en libertad, reacciona contra las mismas adoptado un comportamiento contrario el determinado por el sistema o la norma. Por ello, es muy probable que haya niños que rechacen ser unos perfeccionistas como sus padres les exigen y adoptan un comportamiento antiperfeccionista. Otros niños no se hacen perfeccionistas porque creen que no pueden alcanzar los objetivos fijados por sus padres perfeccionistas y surge en ellos un gran deseo de ser distintos de sus progenitores, adoptando un comportamiento opuesto al exigido por los suyos, tal como se aprecia en muchos adolescentes.

Los psicólogos reconocen que hay dos períodos clave en el aprendizaje o en el rechazo del perfeccionismo. La primera etapa es la niñez, periodo durante el cual se formalizan los principales hábitos del comportamiento. La segunda etapa es la adolescencia, donde se experimenta una mayor madurez psicológica y el chico/chica es más consciente de si mismo y del entorno. Esta fase de la adolescencia es particularmente fértil para el desarrollo del perfeccionismo socialmente prescrito.

Asimismo nos parece de notable importancia la presencia y relación del perfeccionismo en los trastornos psicosomáticos: fibromialgia, fatiga crónica y otras enfermedades que también deseamos trasladar a los lectores:

Trastornos psicosomáticos.

Constituyen los Trastornos Psicosomáticos uno de los campos más visitados por el Perfeccionista a la hora de enfermar. Y sucede cuando caen en la enfermedad psicosomática para sumergirse en ella, como en un océano, casi de por vida y con gravedad o simplemente cuando atraviesan arroyuelos o charcos morbosos que no alcanzan apenas a tener entidad digna de preocupación.

El paciente anancástico sufre, y mucho, sobre todo, a largo plazo. Es más, su sufrimiento tiene como base fundamental la conflictividad, el reto, la frustración, el enfado. Y bien es sabido que estos modelos de dolor generan un elevado nivel de ansiedad y angustia que acaban desgastando y rompiendo el equilibrio estable en el sistema emocional del sujeto.

La ansiedad puede generarse en razón de acontecimientos que se viven, bien de manera relacional, o bien íntima y personalmente. En ambos casos el sistema límbico o emocional se desborda en actividad, pierde el control funcional y da lugar a desbordamientos que afectarán:

  • A la corteza cerebral, originando síntomas cognitivos, o sea, relacionados con la inteligencia y el pensamiento. Son los casos de despersonalización, sentirse raro, fuera de si o sin control. Y también los pequeños cuadros deliroides ocasionales.
  • Al control de los impulsos, abocando en el ámbito de la obsesividad o las fobias con todo un cortejo de posibilidades. Es éste, el deficiente control de los impulsos -comida, bebida, moderación, robar, hablar, etc.- un espectro patológico al que se llega por diversos caminos. Uno de ellos –ciertamente, no el más frecuente- es éste que nos ocupa.
  • Al cuerpo. Lo más frecuente es que sea el cuerpo el afectado, que sean las manifestaciones somáticas las más ostensibles. Es la hora del idioma del cuerpo porque los afectos y emociones no están adecuadamente desarrollados o si lo están se encuentran bloqueados y esa fuerza vital que necesita válvulas para descomprimir la presión generada en el vivir, salta por las grietas de la expresión somática que manifiesta así la “queja” de la persona que sufre. La cuestión es que, estas personas al “hablar” un idioma equivocado e inadecuado no resultan entendidas en su reclamación y por lo tanto no queda adecuadamente satisfecha su demanda. ¿Y qué ocurre? Pues que, de ordinario “grita más”, se acentúa el empeño sin que por eso mejoren las entendederas. Eso sí, las molestias corporales son cada vez mayores y el proceso se convierte -por persistente- en crónico. (2)

Fibromialgia

Éste es el amplísimo campo de los llamados Trastornos Somatomorfos que tanto énfasis ha alcanzado hoy en día con la tan conocida Fibromialgia. Es este proceso la “vedette” de las enfermedades psicosomáticas actuales. Tanto centra el debate que en cada congreso que se precie – y quepa – aparece siendo negada en su existencia o por el contrario resultando frecuentísima y motivo de admiración y lástima por parte de pacientes, asociaciones de afectados, galenos y jueces en los tribunales de invalidez.

Pero ¿qué es la Fibromialgia? Una entidad clínica integrada por cansancio, bajo tono vital, dolores músculo-esqueléticos y rigidez muscular. ¿Es nueva? ¿Puede ser diagnosticada? ¿Tiene cura? Pues pensamos, junto con la mayoría de los entendidos, que pacientes así siempre han existido, siendo catalogados de reumatismos psicógenos, depresiones con dolores musculares, etc.

Para la fibromialgia no cabe el diagnóstico objetivo, no existe ninguna prueba objetiva que la determine y reconozca, por lo que hay que basar dicho diagnóstico -incluso para la invalidez absoluta y permanente- en las quejas y síntomas subjetivos del paciente. Se han estudiado infinidad de sustancias biológicas sospechosas de estar alteradas en los pacientes fibromiálgicos, pero no se han logrado conclusiones claras tras publicarse miles de trabajos científicos.

En cuanto a su curación, pienso que muchos de mis pacientes fibromiálgicos me han llegado a decir: “Dr. Vd. no me ha curado la fibromialgia, como era mi pretensión, pero me ha enseñado a vivir con ella”. Es lo que sucede con la mayor parte de las enfermedades que no se curan, se compensa la situación, se aprenden pautas adaptativas y se trabaja eficazmente la prevención de la descompensación. Lo comprenderemos mejor al pensar en la diabetes, el hipotiroidismo, la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia.

De todos es sabido el eficaz pero insuficiente efecto terapéutico, que en esta enfermedad tienen los analgésicos, los antirreumáticos, los antidepresivos, los relajantes musculares, los ansiolíticos, los antiobsesivos, la fisioterapia, la hidroterapia, la relajación, el ejercicio moderado y adecuado, la psicoterapia, etc. ¿Por qué?. Pues porque desde todos estos frentes o ámbitos se llega a alcanzar parte de la razón patológica del proceso. Volveremos sobre el tema unas páginas más adelante.


Síndrome de Fatiga Crónica

Otra enfermedad psicosomática del mismo corte que la Fibromialgia es el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) en el que se instaura un enorme cansancio, ansiedad, debilidad muscular, febrícula, cefaleas, etc. La incapacidad se acentúa en la medida en que no se realizan ejercicios y se atrofian aún más nuevas capacidades. (3)

Otras enfermedades

Igualmente son enfermedades psicosomáticas, incluibles en este apartado al que con tanta frecuencia llega el anancástico, el Colon Irritable, la Dispepsia gástrica, la Aerofagia, el Hipo, muchas Dermatitis, el Asma, la Tos compulsiva, las Contracturas musculares, las Jaquecas, las Cefaleas de tensión, etc.

Y para terminar este apartado hablaremos de la dificultad que para el reconocimiento y la expresión emocional tienen muchos pacientes psicosomáticos. Es lo que se vino a llamar, por la Escuela Psicosomática Francesa de Pierre Marty, Alexitimia y Pensamiento Operatorio. Hay buenos libros para ampliar estos campos.

Queda claro que en el abordaje terapéutico de estos procesos, es preciso enseñar a reconocer y descubrir los propios sentimientos y afectos. Y también a manejarlos, producirlos y expresarlos. Este aprendizaje en el desarrollo del sistema emocional dará lugar a una “gimnasia psicológica” que enriquece enormemente a quien la practica. Podríamos así afirmar que la ocupación en estos menesteres terapéuticos puede resultar un medio eficazmente gratificador para quien lo practica, bien sea aprendiendo o enseñando. Como dice el refrán también aquí, “no hay mal que por bien no venga”.

Igualmente es excelente el contenido del capítulo VIII sobre evaluación y tratamiento psicológico del perfeccionismo, en el que resalta el Cuestionario Sevilla para la autovaloración de la Personalidad Anancástica, que puede ser corregido por el propio interesado.

El Cuestionario Sevilla

Con el fin de mitigar en lo posible la ausencia de instrumentos adaptados al español, ofrecemos a continuación una versión del Cuestionario Sevilla, surgido en el ámbito de la clínica y cuyo autor es el Dr. Manuel Álvarez Romero. Costa de 25 ítems y se responde es unos minutos. Se aconseja a los perfeccionistas que no inviertan demasiado tiempo en la elaboración de las respuestas porque de acuerdo a nuestra experiencia la cumplimentación del cuestionario se podría prolongar varias horas matizando cada una de las afirmaciones. Este cuestionario está siendo objeto de validación psicométrica en el ámbito clínico.

CUESTIONARIO SEVILLA

Describa con pocas palabras como se dan estos aspectos en su conducta y cómo los vive habitualmente.

1.-

Perfeccionismo, detallismo, minuciosidad.

 
2.-

Hiperresponsabilidad.

 
3.-

Elevada valoración del orden, la limpieza, la puntualidad, etc. Estimación alta de la normativa

(o sea, de los modos establecidos de hacer las cosas).

 

4.-

Imaginación exagerada, muy suelta. Facilidad para la asociación de ideas de modo espontáneo.

 

5.-

Tendencia a la rigidez. Dificultad para la flexibilidad ante los cambios que se producen respecto a lo previsto.

 

6.-

Sentido de la justicia muy marcado. Le afectan mucho las injusticias propias o ajenas.

 

7.-

Radicalidad al enjuiciar la propia tarea, como buena o mala, en razón de la calidad lograda o del tiempo empleado, tendiendo a excluir las calificaciones intermedias (regular, mediano, casi bien, etc.).

 

8.-

Tendencia a prever y a “amarrar” los aspectos de un plan futuro. Dificultad para vivir la imprevisión o la indeterminación de los planes.

 

9.-

Gran capacidad de análisis ante una situación concreta, considerando muchas posibles salidas o propuestas.

 

10.-

Pluralidad de opciones ante una situación o problema sin saber cual dejar porque ninguna es óptima pero tampoco es desechable.

 

11.-

Exigencia grande consigo mismo/a y con los demás.

 

12.-

Dificultad para delegar por el convencimiento de que no harán las cosas con suficiente corrección.

 

13.-

Sobrevaloración de la opinión que los demás puedan tener respecto a la propia conducta.

 

14.-

Falta de espontaneidad y naturalidad en la propia actuación con tendencia a hacer lo que esperan de uno/a.

 

15.-

Teniendo seguridad intelectual (es decir, sabiendo que lo que se hace está bien o mal) hay falta de seguridad afectiva (o sea, necesidad de que los demás comprendan y aprueben la propia actuación, por eso se tiende a dar explicaciones de la propia conducta).

 

16.-

Autorreproche frecuente: “Debo dar más”. En fase depresiva se suele decir: “soy una inutilidad”, “no valgo para nada”.  

17.-

Escasa expresión de los propios sentimientos. Tendencia a ser serio y formal.

 

18.-

Exagerada valoración de la eficacia y del trabajo con detrimento del disfrute por lo que se hace y por lo que se ha hecho.

 

19.-

Descuido de las relaciones interpersonales y las amistades en razón de que siempre hay algo más importante que hacer.

 

20.-

Con frecuencia, un estímulo concreto (teléfono, timbre, llamada, …), suele provocar en mi mente una respuesta concreta y segura, pero después compruebo que se trataba de otra cosa o que venía a indicar un significado diferente, (no era para mí, no era lo que esperaba, …). Es decir, tiendo a anticipar las respuestas interiores. ¿Me ocurre?

 

21.-

Tengo ideas fijas y reiterativas de difícil dominio o control.

 

22.-

Subjetivismo marcado. Tendencia a la adhesión al propio punto de vista (que percibo como claro e indiscutible) de tal manera que tiendo a pensar que si los demás discrepan es porque les faltan datos, experiencia, entendimiento del problema, etc. si no, opinarían como yo.

 

23.-

Tendencia a resaltar más lo negativo y por hacer que lo positivo y ya hecho, tanto en mis tareas como en las ajenas.

 

24.-

Tendencia a conservar cosas por si resultan útiles alguna vez. Cuesta desechar papeles, objetos, etc.

 
Una vez cumplimentado relea las respuestas y valore la intensidad de la respuesta de 0 a 3 puntos en el recuadro de la derecha. 

0=Nada 2=Bastante

1=Un poco 3=Mucho

i responde afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, es muy posible que Ud. Se encuentre en riesgo de sufrir un trastorno perfeccionista, de lo que le convendría consultar lo antes posible.

En conclusión, a lo aquí expresado, la evaluación clínica del perfeccionismo está dando sus primeros pasos. Por lo que se refiere al ámbito hispánico todavía no disponemos de ningún instrumento debidamente validado que pueda ser aplicado en la práctica clínica o en la investigación. No obstante, hemos propuesto tres instrumentos de diagnóstico que gozan de gran aceptación internacional, distribuidos en función de los dos ámbitos conceptuales del perfeccionismo: su “naturaleza unidimensional vs. mulditimensional”. No obstante, son necesarias nuevas investigaciones para adaptar estos instrumentos a la idiosincrasia de la cultura española y adaptar estos recursos a las necesidades propias de nuestro ámbito.

En el último capítulo los autores hacen un Elogio de la Perfección, distinta del perfeccionismo, como búsqueda del aprendizaje y de la excelencia personal, orientada a “una vida buena”, a través del desarrollo de la responsabilidad y de la búsqueda de un sentido positivo a la propia vida.

Finalmente deseamos felicitar a nuestros compañeros Manuel Álvarez Romero y Domingo García-Villamisar por el logro de un trabajo editorial que auna asequibilidad, profundidad y novedad.

Enrique Berrocal Valencia (*)

José Carlos Mingote Adán (**)

(*) Médico Internista. Hospital de la Cruz Roja. Madrid

(**) Psiquiatra. Programa integral de atención al Médico enfermo. Madrid