Perfeccionismo y decoración

Por Marta de la Casa y Alrededores. Interiorista.

Un proyecto de decoración abarca desde las mediciones hasta la dirección de obra y montaje. A continuación voy a describir como pienso que es la actitud y comportamientos de un perfeccionista en cada etapa del proceso, es algo que por mi profesión he debido realizar muchas veces. Cómo persona perfeccionista percibo bien los matices que adornan, para bien y para mal, los modos de actuar de mi personalidad en mi oficio.

Vayamos por partes. Comenzaré por describir las distintas fases del trabajo que nos ocupa.

1) Toma de CONTACTO con el CLIENTE: Es lo primero. Aquí se le explica el tipo de trabajo al que nos vamos a atener, se conoce qué necesidades tiene el cliente y qué es lo que espera del decorador.

2) PRESUPUESTO DEL PROYECTO: a la hora de redactarlo el perfeccionista, por su inseguridad, excesiva exigencia consigo mismo, escrúpulos, y miedo al que dirán, le resulta muy difícil poner precio a su trabajo.

La duda es una constante en este punto, pues por más vueltas que le da, no consigue tomar una decisión; por una parte poner honorarios bajos le da miedo por el hecho de obtener pérdidas. Por otro lado ponerlos más altos y así no pillarse los dedos le da miedo por lo que el cliente pueda decir o por perder este servicio. Debido a tanto pensar y no tomar una decisión arriesgando, la entrega del presupuesto se demora suponiendo un perjuicio para la imagen y la salud del profesional, produciéndole estrés y ansiedad por no saber que hacer y por su no eficacia.

3) SEGUIMIENTO del CLIENTE: cuando se contacta con el cliente de nuevo para ver qué le ha parecido el presupuesto, si no está convencido se le intenta vender el proyecto (esta es una de las cosas que peor se me da, no me gusta convencer a nadie porque siento que estoy presionando y no respetando).

4) MEDICIÓN: se realiza una vez aceptado el presupuesto; además de medir, se conversa con el cliente para conocer sus gustos, estilo, necesidades…. y así poder asesorarle y realizar posteriormente el proyecto a su medida.
El perfeccionista, en éste momento, intenta por todos los medios que no se le escape ningún detalle de todo lo que el cliente responde ante las preguntas que el decorador le formula. Por su excesiva responsabilidad y miedo a cometer errores, lo anota todo y más, exhaustivamente, para contar con la mayor cantidad de información y así evitar tener que volver a la casa a rectificar medidas.

5) ESTADO ACTUAL Y REFORMADO DE LA VIVIENDA: una vez en el estudio se pasan las mediciones a papel; al perfeccionista, por tener muchas cosas en la cabeza, le cuesta concentrarse y tiende a revisarlas varias veces, por miedo a que después no coincidan con la realidad (esto le supone por tanto un estrés añadido, bloqueándose en ocasiones y ralentizando así el trabajo).
Entrando ya en el ámbito creativo del proceso, el perfeccionista de todas las opciones de distribución que se le han ocurrido, no es capaz de decidirse por una en concreto pues ninguna es lo suficientemente correcta. Como consecuencia de ello le presenta varias y puede demorar el trabajo.

6) PRIMERA CITA CON EL CLIENTE: se le presenta y explica al cliente la nueva distribución. Lo que cuesta aquí es ceder en aquellos aspectos en los que el cliente no está de acuerdo. El que no se hagan las cosas como yo he previsto me fastidia mucho, pues pienso que es la mejor solución y no hacerlo así me supone aceptar una imperfección. Por otro lado persuadirle me resulta imposible pues siento que le estoy obligando a cumplir mi voluntad. Llevar la contraria me violenta.

7) ALZADOS Y PERSPECTIVAS: se levantan los alzados y se hacen las perspectivas a lápiz para ir definiendo mobiliario, materiales…. y detallando el diseño. Aquí me complico demasiado con el fin de que quede perfecto y no haya ningún fallo. Le doy muchas vueltas, le dedico mucho tiempo, le pongo tanto esfuerzo que acabo cogiendo manía al proyecto y ya no me parece ni bonito. Hay que tomar muchas decisiones y al perfeccionista le supone un reto difícil pues nada le parece suficiente; tiende a dejar interrogantes que le expone como distintas opciones para que él decida, liberándose así el perfeccionista de responsabilidad compartiéndola en cierta manera con el cliente.

8) SEGUNDA Y SUCESIVAS CITAS: nuevamente se le presenta lo que se va realizando (se enseñan materiales, muebles….). En este caso más que en el anterior hay que persuadirle para que permanezcan cosas que éste quiera cambiar y que el decorador no lo considere conveniente. Otro reto que superar.

9) FINALIZACIÓN Y ENTREGA DE PROYECTO: una vez todo claro, se procede a terminar el proyecto: planos técnicos y perspectivas. Con los técnicos el perfeccionista se encuentra de nuevo en una situación de estrés ante el miedo a que las medidas no estén bien, pues con estos planos los oficios realizan su trabajo y si hay errores de medidas la responsabilidad recae sobre el decorador. En la terminación de las perspectivas sin embargo el problema que se le plantea no está en darle color, que le relaja, sino en la elección de las telas, en donde de nuevo le cuesta arriesgar y tomar decisiones por miedo a que no quede bien la composición de telas y colores.

10) PRESUPUESTO Y DIRECCIÓN DE OBRA. PEDIDOS: si el cliente pide presupuesto de obra, se elabora y se le entrega. En su elaboración vuelve el estrés bloqueándose por el miedo a olvidar algo que presupuestar o a equivocarse en los números, lo cual supondría una pérdida económica.
Igualmente el cliente estudia el presupuesto y se vuelve a hacer el seguimiento, como en el caso de presupuesto de proyecto.
Una vez aceptado se procede a la dirección de la misma poniendo de acuerdo a todos los oficios, controlando que se esta realizando todo correctamente. Aquí la labor más difícil es la de hacer deshacer el trabajo deficiente a los oficios y que vuelvan a realizarlo bien y siguiendo con corrección el proyecto. Igualmente es estresante solucionar la gran cantidad de problemas que se presentan en las obras. Lo más difícil bajo mi punto de vista es el trato con el cliente, tener mano izquierda para salir airoso de las quejas y pegas que estos puedan plantear.
Terminada la obra, se hace el pedido de mobiliario y confección. El perfeccionista teme equivocarse y que lo que él ha planteado no quede lo suficientemente bien se sumerge en otra situación de estrés y miedo que le induce a revisar una y otra vez cada paso que da.
El decorador o decoradora perfeccionista no logra disfrutar de su trabajo
Por realizar o realizado pues piensa que podía haber quedado mejor. No ve lo positivo, se centra prioritariamente en lo negativo.

Badajoz, 15-III-2008