Cuando no es uno, sino dos

Hace unos días recibí una  simpática carta de un remitente desconocido para mí. Hablaba de la publicación de El síndrome del perfeccionista. El Anancástico  y de su favorable acogida en el ámbito general y en el de la medicina psicosomática. Siempre es alentador recibir la aprobación de los expertos y sentirse  avalado por el respaldo de los colegas. Pero, en ocasiones, resulta aún más valioso el beneplácito y el estímulo que proviene de la gente sencilla, de a pie. 

Esta experiencia es la que he vivido con la carta de un amable lector de Ciudad Real. Me agradece el libro, me dice cómo tuvo noticia de él y –he aquí lo más interesante- me sugiere añadir un nuevo capítulo que sería como la guinda del pastel: el caso de un matrimonio formado nada menos que por dos perfeccionistas. Quizás algún día me anime a escribirlo, y seguramente lo incluiré cuando publique la tercera edición. 

Pero de momento, ofrezco esta pequeña joya epistolar, con la que me he sonreído y reído, de la que tanto he aprendido. Porque el libro más enriquecedor, del que siempre debemos aprender, es el libro de la vida. Y en esta carta, más que ciencia empírica o teórica, lo que rezuma por todos los poros es una espléndida y luminosa experiencia de la vida.

Aquí la tienen por si también a ustedes les aporta sabiduría:

Don Manuel Álvarez Romero: 

Si hasta la fecha con sus libros, estoy seguro, habré ayudado a mejorar algo el nivel y el bienestar en la vida de sus lectores, deseo que en el 2009, con sus puntos de vista y opiniones, anime a quienes aún estamos a tiempo de mejorar un poco. 

Un amigo me ha recomendado “EL SINDROME DEL PERFECCIONISTA” de lo cual me alegro.  Prácticamente estoy terminándolo, pero ya tengo ganas de preguntarle: ¿Cómo no dedicó un capítulo sobre el caso de un matrimonio formado por DOS PERFECCIONISTAS, EL Y ELLA? 

Veo ejemplos de un perfeccionista conviviendo con un compañero, con un jefe, un subordinado, un amigo, con su cónyuge, etc, pero no encuentro el perfeccionista casado TODOS LOS DÍAS, LAS 24 horas, con la perfeccionista. “EL” y “ELLA”. 

Los problemas de “EL” podrían ser cien, los de “ELLA” otros cien, pero a mi entender no se suman, se MULTIPLICAN, ¡son diez mil…!.¿Podría usted ayudarnos a que se restaran?. 

Por su libro veo compartir sus trabajos entre Sevilla y Madrid, el AVE (algunos) paran en Ciudad Real, un día podría apearse un rato y coger el AVE siguiente u otro, podríamos charlar, y si nos diera tiempo prepararía una mesa para tres: para usted, para “ELLA” y para “EL”.  La comida sería agradable, estoy seguro, por lo menos para “EL” o sea para mi, y de gran ayuda. 

Un cordial saludo,

 N N

Inmaculada

Hola!

Usted no me conoce. Mi nombre es Inmaculada, tengo 32 años y trabajo en una empresa de comunicación en una ciudad levantina. Hace unos días, por azar, cayó en mis manos su libro “El síndrome del perfeccionista: El Anancástico” y ha sido un auténtico descubrimiento para mí. Hace años que sé que algo no va bien en mi cabeza, especialmente desde que murió mi padre hace seis años a consecuencia de una larga y penosa enfermedad (y sí, Valencia es muy estresante y mi trabajo también pero tiene que haber algo más para tanta ansiedad, tanta depresión y tanto CONTROL). Y hoy por fin, gracias a su libro, lo he averiguado. Y he averiguado también que TODOS en mi familia ( y somos cuatro hermanos) tenemos el mismo problema en mayor o menor grado: todos “perfectos” licenciados y tan encantadores como responsables. Envidiables en apariencia, infelices crónicos en esencia. Mi caso no es severo, es más bien leve o moderado (hago maravillas con la valeriana) pero alguno de mis hermanos es bastante peor aunque tengo claro, lo he hablado con ellos, que no tienen voluntad de solucionarlo. Pero yo sí que quiero intentarlo porque hay un lado de mí muy optimista que sabe que la vida también puede ser muy divertida y que sólo hay que saber relajarse y disfrutarla. Necesito que alguien me enseñe cómo hacerlo y por eso, además de mi más encarecido agradecimiento me gustaría -si no es molestia- que me aconseje algún psicólogo, médico o terapeuta donde poder tratarme. Varias veces he ido a sicólogos pero nunca he durado más de tres semanas por escepticismo o porque directamente no sentía que “me entendieran”.

Y nada más. Imagino que para alguien tan ocupado como usted igual es complicado atender mi mail, así que lo entenderé si no puede hacerlo. En cualquier caso, le reitero de nuevo mi agradecimiento.

Inmaculada.

Confidencias de un amigo

Relato breve por: “El cachondo de los santos inocentes”
Javier M. de P. (Madrid)

Capítulo I

– ¿Entonces mañana a las diez en la puerta de tu casa?–preguntó Javi a su amigo Chema-.
– Si, si, venga nos vemos. – Contesto éste.

Javi y Chema eran amigos de toda la vida. Se conocieron en el colegio y desde entonces su afición al senderismo les unía casi todos los fines de semana. Y como Chema se “sentía” responsable de su amigo, aprovechaba cualquier ocasión para explicarle algunas cosas a Javi, que a la vez se empezaba a sentir algo intrigado pero comprendía con mucho sentido las cosas que su amigo le decía. Así le quedo claro que cada persona era consecuencia de su libertad, que tenemos unos dones que Dios nos ha dado para conseguir el ser buenas personas y que hemos de cultivar el resto, aunque, por supuesto, también influye la genética y el ambiente en el que nacemos, lo que genera un ser único e irrepetible.

– Oye, ¿y tu como conoces estas cosas tan bien? – pregunto Javi.
– Bueno, no es nada especial, es que últimamente he estado leyendo un libro que se llama “El síndrome del perfeccionista”, de un tal Dr. Manuel Álvarez que dice estas y otras cosas “mu raras” – le respondió Chema.

En esa excursión, Chema le propuso a Javi que fuera a visitar al tal Dr. Álvarez a su clínica de Madrid. Chema, que conocía a su amigo y que él también era perfeccionista, sabia lo duro que resultaba serlo.
Javi acusaba problemas de sueño, pero en verdad esos no eran más que problemillas subjetivos por encima del verdadero problema de fondo. Sabía que con cariño y paciencia podría conseguir que Javi se quitara los pensamientos de autoculpa y fuese más feliz, porque le había echado la culpa a sus estudios, a la familia, y a tantas cosas y ahora Chema le podía ayudar a encontrar la solución.
Pues que sorpresa, Chema no era el único perfeccionista del planeta y ahora le correspondía ayudar y hacérselo ver a Javi. En este momento callaban y Chema pensaba en el día en que se enteró de que él lo era: Tampoco le afecto mucho, por no decir nada, pero se preguntaba qué era eso del perfeccionista, hasta que, con la ayuda médica, notó que en sus estudios las cosas comenzaban a cambiar, que ya no luchaba contra un fantasma, sino contra algo material y que todo le comenzaba a sonreír con mucho menos esfuerzo. Era un gran alivio y ¡lo habían notado hasta en su casa!
Es curioso –pensaba- casi siempre el perfeccionista es el último en enterarse. ¿Y porque se lo dice alguien! Ahora recuerdo como, antes, sufría si algo no estaba totalmente bien hecho, hasta el detalle mas nimio. Y además no bastaba solo con eso sino que tenia que obtener la “aprobación” de los demás. No vamos a negar que en la vida va a haber dolor siempre, pero también es cierto que al medico y al buen amigo, a la persona que te conoce bien, le corresponde aliviarlo.
– Menos mal que me dejé arreglar – pensaba Javier – a pesar de que me daba un poco de vergüenza de que alguien supiera mis cosas más intimas… La verdad es que hay que dejar que el médico haga su trabajo que será para bien.
– ¡Oye tío! Cuéntame algo – protestó Javi – ¡que parece que estás resolviendo un sudoku mentalmente de lo callao que estás!

Capítulo II
De nuevo de excursión, Chema ya le había referido cual creía que era el problema de Javi. Habían hecho falta excursiones de valentía y tiempo para que al final Chema se lanzase a exponerle su sincera opinión a su amigo:
– Mira, creo que tu problema es que a veces la autocrítica te corroe de tal manera que hasta te dan ganas de suicidarte, ¿a que si? Tu eres un perfeccionista como yo: antes yo era un “debería hacer esto, lo otro” constantemente, pides siempre la excelencia a pesar de que a veces no sabes hacerlo… y estás siempre con el “runrún”, – le explicaba Chema – una cosa es la actitud normal de querer hacer las cosas bien y otra muy distinta es esa insatisfacción, el pesimismo de que siempre se puede hacer mejor… a esto se le llama perfeccionismo neurótico. Por eso estás tan delgado, porque te corroe el afán de perfección de tonterías.
– Bueno, ya sabes que no me sale nada bien desde hace 6 o 7 años –comenzó a responder Javi-. Si, es verdad que parece que nunca me conformo con mis deberes y a veces me pongo propósitos que quien los vea pensará que “ me faltan unas tuercas…” Incluso a veces a ti también te “he dao la vara con esto”. Y en casa igual, porque quiero que la gente me vea como una persona que mola y un chaval guay según la gente que me ve aunque sea un minuto y por eso me esfuerzo en cumplir esas expectativas. Y pensar lo duro que he sido con la gente, en casa o contigo por conseguir eso… Y cuando a veces lo consigo parece como si hubiera estado tirado…
-Para algo están los colegas, ¿no?
Y Javier se daba cuenta de que estaba dando en el clavo: sus mismos pensamientos, ideas de perfeccionista hace 4 meses más o menos: que si el mundo se divide en superhéroes y en pringaos, que si a veces no lograba hacer tal cosa pues era culpa de otro, siempre renovando propósitos, con miedo a ser juzgado negativamente, etc… Comprendía que el camino residía más bien en ser un tío alegre, que afronta la realidad y lucha esperanzado y alegre. Si no, te ahogas a ti mismo en un charco.

Capítulo III

Javi todavía no sabía aceptarlo, pero desde la pasada excursión pensaba que si su amigo no le había fallado nunca, algo de razón podría tener y por eso se leyó el libro del perfeccionista que ya hemos citado.
– Oye, pues sabes que vas a tener razón – le dijo en un descanso, un día, Javi a Chema.
– Pues claro, si da tres el problema de álgebra.
– No tonto, en lo del perfeccionista. Es que me estoy leyendo el libro ese que me dijiste y tienes razón. Hasta he hecho una lista con las cosas de que me doy cuenta que me pasan y son síntomas de esta cosa rara que me has dicho, mira. Y sacó de su bolsillo el papel del bocata en el que había apuntado las cosas en las que se identificaba con la descripción del libro.
-¿Ves, ves? Los objetivos incumplibles, la autocrítica constante, la magnificación de chorradas, el perpetuo pensamiento de que estarán opinando de mí los demás, el andar cuidando al máximo los detalles…
– Si, si – interrumpió Chema – como si fueran examinadores, vamos, que nos dan su beneplácito o nos ahorcamos.
– Eso es – continúo Javi –. Más cosas: la responsabilidad absoluta, sin poder delegar ni una parte del trabajo en equipo. La constante sensación del deber hacer algo… Además siempre estoy comprobando cosas y por eso a veces voy lento al estudiar, porque siempre voy haciendo cálculos de toda clase. Y cuando no se que hacer me da vergüenza delegar o preguntarlo y acabo por no hacerlo.
– Bueno, pues ahora que te das cuenta, a luchar, ¿no?
– Pero cómo, si soy perfeccionista por culpa del ambiente que me rodea, por mi familia, mis estudios, ¿cómo lo voy a superar?. Si parece que incluso durmiendo tengo pánico al error, parece que viene una gran piedra sobre mí…
– Bah, no te preocupes demasiado, no eres ni el primero ni el ultimo, solo mira a las personas que se sienten inferiores: tienen tal afán de superación que no aceptan ni una… No todos pero seguro que ahí hay más de uno.- respondió Chema. – Pero el rechazo al perfeccionismo es totalmente posible ¿eh?, mira al típico chaval rebeldillo de la calle que se cree algo y en su casa luego su padre le dice que estudie y es un empellón. Fíjate en ese que si depende de cómo le vean los demás: si falla en su posición de malote luego se “taladra” con la autocrítica. Para evitar esto no puede fallar, depende de lo que destaca. Y todo el rato viéndose el ombligo, a ver que tal estoy, que aparento…. Es curioso, siempre tiene cara de pivula, porque si cumple sus expectativas piensa que el objetivo era demasiado fácil, y si no las cumple se “taladra”, así que para esa agonía es que no compensa…
– Pues va a ser eso, ¿eh? Oye que empieza mi clase, luego te llamo. ¡Hasta luego!

Continuará…………………..

Madrid 1-IX-2008

Aprender a equivocarse

Anancástico es la palabra con la que se designa a la persona que tiene una tendencia tan acentuadamente perfeccionista, que llega a constituir una enfermedad o al menos una notoria anomalía.

Podemos afirmar que “una de las virtudes-defecto más cuestionables es el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez. He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden.
Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino. Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando” (José Luis Martín Descalzo).

Como decía Maxwel Brand, “todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error”. Por eso lo importante no es tanto qué fallos cometemos sino cómo nos reponemos de ellos.

Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido, como sigue diciendo nuestro autor: “Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección. Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque es mejor un plato roto que un niño roto. Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos. No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados”.

Lo más importante en la vida no es hacer lo correcto sino amar, no está la excelencia en la competitividad -ser más que los demás-, sino en dar lo mejor de nosotros mismos. La competitividad es una señal de carencia, el lado oscuro de la vida. No es ganar sino perder, pues todos estamos interconexionados y si competimos lo hacemos, al final, contra nosotros mismos.

Lo bueno es no competir sino compartir: ser una mente creativa, con sueños e ilusiones, solidaridad y perdón. Guardar rencor o culpabilizar a alguien por algo que ha sucedido en el pasado, sólo perjudica a uno mismo. Y cuando no haya ido bien la cosa aprendemos a rectificar y volvemos a empezar. Así al dar lo mejor de ti mismo, los demás en lugar de huirte se verán atraídos hacia ti porque irradias buenos sentimientos, transmites amor, que es participación de un Dios que es amor y que se nos da, especialmente en los sacramentos que, por eso mismo, son también fuente de amor.

Llucià Pou Sabaté
Barcelona-Granada. 26 de julio de 2008

¿Es grave, doctor?

Un espeluznante testimonio sobre el “Advanced Modelling Syndrome” (AMS), una peculiar modalidad de Perfeccionismo.

Verá doctor, tengo un amigo modelista, como yo. Es muy amigo mío y llevamos haciendo maquetas muchos años, pero últimamente me tiene preocupado. Mi amigo solía acabar varías maquetas al año, como yo.
La verdad es que le quedaban bastante bien y se sentía orgulloso de enseñárselas a otros amigos modelistas de los que recibía comentarios muy positivos. Al principio hacíamos las maquetas de caja, o como mucho con alguna mejora casera para corregir algún fallo muy evidente. Sin embargo, poco a poco mi amigo se fue sumergiendo en el proceloso mundo de los fotograbados, resinas y accesorios varios. Al mismo tiempo empezó a comprar libros y revistas para saber más de aquellos vehículos que construía en maqueta, de sus especificaciones técnicas, de sus esquemas de camuflaje, de las unidades que los utilizaron, del periodo histórico durante el que se desenvolvieron, etc. Mi amigo llegó a ser una enciclopedia andante. De algunos de sus vehículos favoritos lo sabía todo. Bueno, casi todo. Hace algún tiempo además empezó a navegar por Internet para buscar más información todavía, visitaba varias docenas de foros asiduamente y tenía entre sus favoritos un listado enorme de páginas relacionadas con el modelismo.
Pues bien, doctor, como le digo, la productividad de mi amigo ha bajado considerablemente en los últimos tiempos. Bueno, ya ni recuerdo cuando acabó una maqueta por última vez. Y no es que no maquetee, no. Siempre que encuentra un rato se pone a pegar dos piezas, eso si, rodeado de libros y fotos sacadas de Internet.
Mi amigo tiene aproximadamente una docena de maquetas en diferentes fases de montaje, algunas repletas de fotograbados, resinas y trocitos de plástico y metal, tantos que casi no se sabe cual es la maqueta de origen. “Es que no hay ninguna maqueta que no tenga errores” me suele comentar.
Y a veces le pregunto “¿Y por qué no te concentras en alguna y la acabas de una vez?”.
“Verás” –me contesta- “Es que en esta me falta saber como era este detalle del tubo de escape. Por mucho que busco en mis libros no encuentro una imagen en la que se pueda apreciar este detalle, pero ya he preguntado en 14 foros de Internet y espero a ver si alguien sabe algo”.
O bien “Es que las ruedas que trae la maqueta son 2 mm. más pequeñas que lo que deberían ser y no valen. Me compré estas ruedas de resina, pero he sabido que no fueron utilizadas en África, que es donde quiero situar la maqueta. Estoy esperando porque he oído rumores de que “The milk productions” va a sacar unas ruedas que son justo lo que necesito”.
O también “Después de añadir los 253 remaches que le faltaban al cubremotor, alguien me ha mandado una foto en la que se aprecia muy claramente que tienen la cabeza plana, y no semiesférica como yo los he puesto, así que tengo que cambiarlos”.
Yo le digo, “Pero, ¿qué más da?”.
“No puedo permitírmelo, tengo que hacer mis maquetas muy bien hechas”, me contesta.
Proporcionalmente a la lentitud de mi amigo, el número de maquetas sin hacer que tiene en casa aumenta hasta límites peligrosos para su convivencia conyugal. Porque no habrá ninguna maqueta que no tenga errores, pero –eso sí- maqueta que sale, maqueta que compra. Y no solo la maqueta, sino toda la parafernalia de accesorios que la rodea.
Como ve doctor, la situación de mi amigo es como para preocuparse. En los foros de modelismo de Internet (si, bueno, yo también visito de vez en cuando los foros de Internet), se describe el comportamiento de mi amigo como “Advanced Modelling Syndrome”, algo así como el síndrome del modelismo avanzado, o AMS.
Efectivamente, sus síntomas se han descrito con toda precisión:
-Obsesión por el detallado de una maqueta y acumulación compulsiva de información.
-Los proyectos modelísticos se alargan por meses, y se detienen ante la falta de información acerca de cómo detallar algún oscuro rincón, hasta que surge una foto del dichoso detalle, si es que finalmente aparece.
-En estadios avanzados de la “enfermedad” el modelista queda bloqueado y su afición, lejos de convertirse en una diversión, se convierte en una fuente de frustración, preocupación y estrés. Vamos, lo que le pasa a mi amigo.
La cura de desintoxicación habitual que se prescribe para el AMS es la construcción de alguna maqueta de caja de cuando en cuando, especialmente cuando el afectado por el síndrome se encuentra atascado en una zona oscura de su maqueta o simplemente cansado de añadir minúsculas piezas de fotograbado. Se recomienda, sobre todo, emplearse en alguna maqueta de la que se disponga de poca información para no caer en la tentación, incluso de algo completamente diferente de lo que se suele hacer habitualmente. Por ejemplo, para tanqueros irredentos como yo iría bien un avión, o algo de ciencia ficción. La verdad es que no se si sería capaz de hacer una maqueta de caja ahora. ¿Dije yo?, bueno, quería decir mi amigo, claro. Además, ni los aviones ni otra cosa que sean los carros de combate interesan a mi amigo, y hacer una maqueta a 1/35 sin detallar… ¡bufff, pero si lo están pidiendo a gritos!. Algunos expertos sugieren hacer algún tanquecillo a 1/72. Parece ser que ahora hay maquetas muy buenas a esa escala, que se pueden montar de caja con resultados asombrosos, y dado que son más pequeñas, la maqueta “no pide” tanto detallado y se disfruta un montón. No se, quizá debiera intentarlo. Mi amigo, me refiero a mi amigo, por supuesto. No piense mal, ¡eh!
He visto, doctor, que usted ha escrito artículos sobre el tema este del AMS en prestigiosas revistas internacionales, y por eso recurro a usted. ¿Qué le parece doctor, es grave lo de mi amigo?.

Modesto Compuesto Incompleto Informático y Maquetero
Madrid 13-7-2008

Lo que aprendí sobre el anancasticismo y el perfeccionismo

I ACERCA DE LA MINUCIOSIDAD:
Consiste en una hiperexigencia propia y a los demás, en ser perseverante, tozudo, en realizar trabajos exhaustivos y lentos, en la tendencia a resaltar más lo negativo y lo pendiente, en un desmedido amor a la eficacia y al rendimiento. Por ello cuesta descansar: siempre hay cosas más importantes que hacer. El trabajo invade el ocio y existe la necesidad de estar siempre haciendo algo. Disfrutar consiste en la lucha, con independencia de las consecuencias negativas: depresión, sueño, exceso de comprobación, falta de concentración. Consiste en centrarse en los “debería”, en no estar nunca contento con la tarea realizada, en tener presente el “Quod debuimus facere…”, me tenía que haber exigido más. Todo implica un reto y una frustración. Además se da la dificultad para delegar, porque no lo harán tan bien como yo, así como dificultad para trabajar en grupo, por lo mismo (y por falta de habilidades sociales). Están implicadas la inseguridad, la necesidad de control, el gusto por lo previsto y lo planificado, la preocupación, depresión y culpabilidad por los errores, así como la indecisión por temor a cometerlos y el miedo al fracaso, a fallar con las consiguientes dudas y retrasos.

II Y TAMBIÉN LA ANSIEDAD:
La ansiedad desencadena el perfeccionismo. Ésta implica alerta, actividad generalizada, respuestas desproporcionadas, desasosiego, temor al futuro, anticipación de enfados y la peor situación para estar preparados. También polémicas mentales.

III SOBREVALORACIÓN DE LA PROPIA IMAGEN:
Se da la tendencia a contentar en todo a LOS DEMÁS y dependencia de la aprobación de los mismos, al mismo tiempo que miedo a ser evaluado negativamente, por lo que prima la tendencia a ser intachable para evitar críticas. Además implica sentirse exigido por los demás y pudor de que me conozcan con mis defectos, suspicacia y falta de sinceridad. También aparece ansiedad social, con temor por que se note la ansiedad, un sentimiento mayor de incomodidad cuantas más habilidades sociales exija la situación. En las relaciones sociales estar muy pendiente de uno mismo, infravalorarse, y tener un excesivo control de los sentimientos, especialmente de los positivos, así como enmendar la conducta por temor, “porque me van a ver”.
Se produce un perfeccionismo selectivo hacia los demás, con conflictos y enfados; a veces se exige a los demás que se adecuen a mis gustos, cuando van un poco a lo suyo.


IV EN LA ÓRBITA DE LA RELIGIOSIDAD

Culpa, perdón y paz no andan aquí bien relacionados. Perdonarse a sí mismo cuesta. El hijo pródigo y la Magdalena son dos buenos modelos a imitar.
Lucha esforzada, al estilo jansenista suele ser frecuente. El papel de la gracia en la vida interior debe ser resaltado. Y la necesidad de pedir.
Falta abandono en Dios. Y la seguridad en Dios y en la Virgen.

V.- Y PARA FINALIZAR:

Esta personalidad responde a un perfil obsesivo reiterativo, rígido, e inseguro, con falta de paz y de alegría. Con frecuente tendencia al escrúpulo, al temor y a la complicación. Resultan ser buenos antidepresivos el desprendimiento y la generosidad.


VI.- A MODO DE PROPÓSITOS

1. Se trata de ganar en espíritu de libertad interior: actuar menos por deber y más por amor.
2. No prestar ayuda, EN PRINCIPIO, si no me lo piden: no ser “voluntario”.
3. Cuando anticipo un enfado, ser consciente de que la realidad no irá, seguramente, por ahí.
4. Recrearse en lo que he hecho bien. No ser tan negativo en las propias valoraciones.
5. Considerar la madurez de no depender de la opinión ajena. Lo que importa es lo que valgo, no lo que piensen o digan los demás de mí.
6. Abrirse a los demás es harto saludable.
7. Dejarse ayudar. Pedir ayuda. Y prestar ayuda. Producen especial satisfacción.
8. Conviene proponerse un horario realista.
9. Renunciar a que las personas sean como yo creo que deben ser. La persona perfecta no existe.
10. Los pequeños fracasos son de ordinaria administración. Son lo normal.
11. Fomentar la evitación de la soledad y de la amistad superficial. Estar con los amigos y mostrar con ellos mis sentimientos.
12. Lo mejor es enemigo de lo bueno.
13. Lo importante es ser feliz, disfrutar, más que empeñarse en que las cosas salgan.
14. Dejar a veces sin concretar del todo el plan, disfrutar de un cierto riesgo.
15. Partir del conocimiento y aceptación propios: gran sabiduría.
16. No tratarse con demasiada dureza.
17. No descalificarse gratuitamente.
18. No lamentarse con radicalismo. No hacerse la víctima.
19. Humildad. Ni quien como yo, ni pobre de mí.
20. Simplificación, lucha humilde.
21. Deportividad corporal y espiritual.
22. Que no falte el buen humor en la lucha serena.
23. Dejar a un lado la vergüenza y olvidarse de que me van a rechazar por cometer un error. Vivir la alegría de rectificar.
24. Anda, baila como si nadie te estuviera viendo.

Bilbao,28-05-08

Perfeccionismo y decoración

Por Marta de la Casa y Alrededores. Interiorista.

Un proyecto de decoración abarca desde las mediciones hasta la dirección de obra y montaje. A continuación voy a describir como pienso que es la actitud y comportamientos de un perfeccionista en cada etapa del proceso, es algo que por mi profesión he debido realizar muchas veces. Cómo persona perfeccionista percibo bien los matices que adornan, para bien y para mal, los modos de actuar de mi personalidad en mi oficio.

Vayamos por partes. Comenzaré por describir las distintas fases del trabajo que nos ocupa.

1) Toma de CONTACTO con el CLIENTE: Es lo primero. Aquí se le explica el tipo de trabajo al que nos vamos a atener, se conoce qué necesidades tiene el cliente y qué es lo que espera del decorador.

2) PRESUPUESTO DEL PROYECTO: a la hora de redactarlo el perfeccionista, por su inseguridad, excesiva exigencia consigo mismo, escrúpulos, y miedo al que dirán, le resulta muy difícil poner precio a su trabajo.

La duda es una constante en este punto, pues por más vueltas que le da, no consigue tomar una decisión; por una parte poner honorarios bajos le da miedo por el hecho de obtener pérdidas. Por otro lado ponerlos más altos y así no pillarse los dedos le da miedo por lo que el cliente pueda decir o por perder este servicio. Debido a tanto pensar y no tomar una decisión arriesgando, la entrega del presupuesto se demora suponiendo un perjuicio para la imagen y la salud del profesional, produciéndole estrés y ansiedad por no saber que hacer y por su no eficacia.

3) SEGUIMIENTO del CLIENTE: cuando se contacta con el cliente de nuevo para ver qué le ha parecido el presupuesto, si no está convencido se le intenta vender el proyecto (esta es una de las cosas que peor se me da, no me gusta convencer a nadie porque siento que estoy presionando y no respetando).

4) MEDICIÓN: se realiza una vez aceptado el presupuesto; además de medir, se conversa con el cliente para conocer sus gustos, estilo, necesidades…. y así poder asesorarle y realizar posteriormente el proyecto a su medida.
El perfeccionista, en éste momento, intenta por todos los medios que no se le escape ningún detalle de todo lo que el cliente responde ante las preguntas que el decorador le formula. Por su excesiva responsabilidad y miedo a cometer errores, lo anota todo y más, exhaustivamente, para contar con la mayor cantidad de información y así evitar tener que volver a la casa a rectificar medidas.

5) ESTADO ACTUAL Y REFORMADO DE LA VIVIENDA: una vez en el estudio se pasan las mediciones a papel; al perfeccionista, por tener muchas cosas en la cabeza, le cuesta concentrarse y tiende a revisarlas varias veces, por miedo a que después no coincidan con la realidad (esto le supone por tanto un estrés añadido, bloqueándose en ocasiones y ralentizando así el trabajo).
Entrando ya en el ámbito creativo del proceso, el perfeccionista de todas las opciones de distribución que se le han ocurrido, no es capaz de decidirse por una en concreto pues ninguna es lo suficientemente correcta. Como consecuencia de ello le presenta varias y puede demorar el trabajo.

6) PRIMERA CITA CON EL CLIENTE: se le presenta y explica al cliente la nueva distribución. Lo que cuesta aquí es ceder en aquellos aspectos en los que el cliente no está de acuerdo. El que no se hagan las cosas como yo he previsto me fastidia mucho, pues pienso que es la mejor solución y no hacerlo así me supone aceptar una imperfección. Por otro lado persuadirle me resulta imposible pues siento que le estoy obligando a cumplir mi voluntad. Llevar la contraria me violenta.

7) ALZADOS Y PERSPECTIVAS: se levantan los alzados y se hacen las perspectivas a lápiz para ir definiendo mobiliario, materiales…. y detallando el diseño. Aquí me complico demasiado con el fin de que quede perfecto y no haya ningún fallo. Le doy muchas vueltas, le dedico mucho tiempo, le pongo tanto esfuerzo que acabo cogiendo manía al proyecto y ya no me parece ni bonito. Hay que tomar muchas decisiones y al perfeccionista le supone un reto difícil pues nada le parece suficiente; tiende a dejar interrogantes que le expone como distintas opciones para que él decida, liberándose así el perfeccionista de responsabilidad compartiéndola en cierta manera con el cliente.

8) SEGUNDA Y SUCESIVAS CITAS: nuevamente se le presenta lo que se va realizando (se enseñan materiales, muebles….). En este caso más que en el anterior hay que persuadirle para que permanezcan cosas que éste quiera cambiar y que el decorador no lo considere conveniente. Otro reto que superar.

9) FINALIZACIÓN Y ENTREGA DE PROYECTO: una vez todo claro, se procede a terminar el proyecto: planos técnicos y perspectivas. Con los técnicos el perfeccionista se encuentra de nuevo en una situación de estrés ante el miedo a que las medidas no estén bien, pues con estos planos los oficios realizan su trabajo y si hay errores de medidas la responsabilidad recae sobre el decorador. En la terminación de las perspectivas sin embargo el problema que se le plantea no está en darle color, que le relaja, sino en la elección de las telas, en donde de nuevo le cuesta arriesgar y tomar decisiones por miedo a que no quede bien la composición de telas y colores.

10) PRESUPUESTO Y DIRECCIÓN DE OBRA. PEDIDOS: si el cliente pide presupuesto de obra, se elabora y se le entrega. En su elaboración vuelve el estrés bloqueándose por el miedo a olvidar algo que presupuestar o a equivocarse en los números, lo cual supondría una pérdida económica.
Igualmente el cliente estudia el presupuesto y se vuelve a hacer el seguimiento, como en el caso de presupuesto de proyecto.
Una vez aceptado se procede a la dirección de la misma poniendo de acuerdo a todos los oficios, controlando que se esta realizando todo correctamente. Aquí la labor más difícil es la de hacer deshacer el trabajo deficiente a los oficios y que vuelvan a realizarlo bien y siguiendo con corrección el proyecto. Igualmente es estresante solucionar la gran cantidad de problemas que se presentan en las obras. Lo más difícil bajo mi punto de vista es el trato con el cliente, tener mano izquierda para salir airoso de las quejas y pegas que estos puedan plantear.
Terminada la obra, se hace el pedido de mobiliario y confección. El perfeccionista teme equivocarse y que lo que él ha planteado no quede lo suficientemente bien se sumerge en otra situación de estrés y miedo que le induce a revisar una y otra vez cada paso que da.
El decorador o decoradora perfeccionista no logra disfrutar de su trabajo
Por realizar o realizado pues piensa que podía haber quedado mejor. No ve lo positivo, se centra prioritariamente en lo negativo.

Badajoz, 15-III-2008

Una perfeccionista sorprendida

Estimado Doctor:

Cuando acudí a la consulta estaba completamente a la defensiva, como si me estuviesen convenciendo de algo que no veo, pensando que los demás, para conmigo, son insaciables. Que todo lo que hago, les parece poco ¡me quieren perfecta!

Ahora estoy insegura de todo, porque no se como tengo que ser para que ” todos ” estén tranquilos, no lo digo con desdén…sino porque algo que no me gustaría, es hacer sufrir a los demás por mi vida. Creo que esa es una de las cosas por lo que prefiero pasar yo sola mis pesares.

He leído sobre el Perfeccionismo. Y me pregunto ¿Porque me bloquea ese termino … ? quizá porque hasta hoy no he asumido el ser la que soy, no la que a mi me gustaría ser sino lo que soy.

Se que detrás de todo esto, está el amor propio herido. Me alegro que -ALGUIEN – haya movido las fichas para no arrastrar más esta pequeña anecdotilla que es lo que esto será en mi vida, porque confío en que se pase, ¿no? Empiezo a tener hasta ilusión por aprender a vivir.

Tengo una lucha titánica, porque al escribir todo esto me siento especialmente débil, necesitada y eso me hace perder pie, aunque me doy cuenta que ser libre no es no necesitar de nada ni de nadie, sino atarme y depender. Elegir “necesitar” es sabiduría aunque a mí me rompa los esquemas ¡siempre intentándome convencer ¡ …aunque eso es una verdad, eh.
Me da miedo también que al escribir estas líneas usted me conozca más. ¡Siempre las defensas!

Leí el artículo de la página web que me recomendó y aunque me cueste reconocerlo me sentí identificada, esa fue una de las causas por la que decidí bajar la cabeza y hacerle caso.
Otra? la frase con la que usted acabó la consulta ” déjate cuidar “, porque llevaba más mensaje ó eso percibí, al menos.

Más cosas? que llevo tiempo oyendo y huyendo y hasta ahora no me he atrevido a reconocerlo.

Hay algo que me programa por dentro para ser una perfecta cumplidora, y, además eficaz…lo peor de todo es que ese programa debe tener un virus.

Me alegro que vaya pasando todo, aunque la bromita me está costando unos lagrimones que si Madrid no tenía playa va a empezar a tenerla. Tengo muchas dudas, pero no se si me viene bien pensar cuanto tiempo va a durar todo esto, si va a hacer que, los demás, no se puedan apoyar en mí, etc etc…. ¿me podría solo decir si es normal el miedo que tengo ? porque me tiene bloqueada.

Gracias por todo.
Me siento afortunada.
UNA PERFECCIONISTA SORPRENDIDA
Madrid 14-3-08

¿Cómo descansa un anancástico?

Por Patrimontes Casianancástica. Madrid. 21-I-08.

La verdad es que tengo la impresión de que a mi¬ escribir se me da bastante mal. Pero trataré de echar mano de esa vena poética que pienso que todos tenemos, para explicar como descansa una persona perfeccionista. Lo de anancástico me suena fatal…

Antes de nada, me gustaría contar qué cosas no le dejan descansar a un
anancástico, porque supongo que eliminando éstas, o enfocándolas de modo
diferente, se convertirán en modos de descanso estupendos. Y después pretendo
contar las actividades que a mí personalmente me descansan y que supongo serán
similares a las de cualquier persona.

Como dice el libro del Dr. Álvarez Romero, “El síndrome del perfeccionista:
El Anancástico”, Las personas anancásticas poseen las virtudes por imperativo. Es decir que el descanso, para una persona perfeccionista al no tener que hacer nada, debería suponer un respiro enorme (no hay nada pendiente, ni nada que mejorar). El tiempo, entre comillas, está, para no hacer nada que venga impuesto por esa voluntad, que al anancástico, le trae a veces por la calle de la amargura, y que le impulsa siempre a tratar de ser el mejor, a terminar las cosas a la perfección, a contentar a todo el mundo, etc. Sin embargo nunca logrará un perfeccionista tener vacío su deposito de cosas pendientes.

Es importante aclarar que el descanso, no significa no hacer nada, porque entonces se estará perdiendo el recurso más preciado que tenemos los humanos, que es el tiempo.

Otra fuente de cansancio, para el supuesto perfeccionista, son los pensamientos procedentes de la relación con los otros, que como cuchillas se hincan en la imaginación de un perfeccionista y empiezan a martillearle y a marearle: que si fulanito me ha tratado así, que si esto lo han hecho fatal y mira que yo dije que no se hiciera así, que tal persona no me ha sonreído, que hoy no me han llamado tales o cuales, etc. Mil cosas que pasan por la mente de un anancástico y en lugar de pasar, se quedan ahí, como esperando que cambie la situación de ahora o ya pasada, y fomentando en el sujeto un estado de idealismo, irrealidad y tristeza. Y todo por no saber ver las cosas con perspectiva, por no echarle un poco de humildad a una situación, por no aceptar que las cosas son así y punto.

Después de estas dos breves reflexiones acerca de los cansancios de un
perfeccionista, los planes que a mí personalmente más me descansan son:
– Coger un buen libro y leer, conocer, aprender cosas nuevas y modos de enfocar
la vida de forma diferente, etc. Porque leer un buen libro es para mí, como vivir otra vida aparte de la propia, emprender un viaje con otra persona y a otro lugar… ¡Es algo fascinante!
– Las salidas al monte, a lugares interesantes, acompañadas de tranquilidad y con gente con la que sabes que vas a disfrutar.
– Conversar con la gente pero no en grupo sino de forma individual. ¡Se aprende tanto hablando con gente diferente a ti! Y más, si tienen cosas que decir.
– Cocinar y ver cómo disfrutan los demás con una buena comida, que tú has preparado, o con un buen postre.

En definitiva, para descansar lo primero que resulta necesario es estar interiormente tranquilo para después disponerse ¡A disfrutar con cualquier cosa!

El móvil de un perfeccionista

Por Carmen Ruiz. Psicóloga. Córdoba, 16-I-08.

En una carta al director de una publicación reciente, un tal Héctor decía:

“Esta es la historia de un aparato que desbrozó nuestra querida intimidad, acrecentó nuestra factura en casi 30 euros cada mes, hizo que desapareciesen los interminables, inconmensurables y difícilmente renovables listones telefónicos (por fin, alguna cosa buena), nos enseño a dormir permanentemente despiertos, nos quitó la capacidad de hacer algún plan en común (“¡Ya hablaremos!”), nos robó unos cuantos puntos del carné de conducir (“¡Pero si sólo estaba avisando de que llegaba cinco minutos tarde a comer!”), nos hizo esclavos de nuestro trabajo, alargó nuestra jornada laboral hasta alcanzar las 12 horas continuadas y nos hizo llegar con retraso a todas nuestras citas (porque siempre podemos llamar para avisar, ¿no?). Creí que con la llegada del siglo XXI se acabarían todos los problemas de comunicación y, sin embargo, me encontré con la imperiosa necesidad de usar este pequeño aparato cada cinco minutos; en definitiva, un estrés constante causado por mi empeño en estar disponible para todo el mundo las 24 horas del día (el doble de nuestra jornada laboral). ¿Siguen pensando que, de verdad, el teléfono móvil ha mejorado nuestra calidad de vida?”

La contestación a esta pregunta, tiene diferentes y variados matices, dependiendo de quién es la persona que tiene el móvil en sus manos.

Como psicóloga, he observado en la descripción de Héctor, las características típicas de los patrones de conducta anancástica. El síndrome del perfeccionismo o anacasticismo, presenta marcas de identidad propias como son la hiperresponsabilidad, minuciosidad, tendencia al control, hiperexigencia consigo mismo y los demás, radicalidad, inflexibilidad y fácil frustración, que se hacen patentes en el afán de la persona por contestar en todo momento, a la persona que está al otro lado. Es imposible ignorarlo, y muy necesario estar disponible siempre, generando, cada vez, más ansiedad.

Se convierte en una idea recurrente, el pensar y estar pendiente del teléfono móvil, he ahí la obsesividad típica del anacástico o perfeccionista: no puede haber ningún error en lo que hace, y por supuesto, no atender las llamadas que pueda recibir, es algo que no se puede permitir si quiere aspirar a la perfección; mejor aún, a la idea subjetiva que tiene de la perfección. Como se puede advertir, existe una gran rigidez en este comportamiento, que lejos de facilitar la vida con las nuevas comunicaciones, añade un nuevo conflicto.

Es esta obsesión por poder controlarlo todo, expresada, en este caso, en el manejo y gestión del teléfono móvil, la que genera angustia y sufrimiento por la frustración que supone no llegar a lo que la persona estima adecuado.

Esta sobrecarga, implica, en la mayoría de las ocasiones, alteraciones psicosomáticas debidas a la pérdida de equilibrio en su sistema emocional; y cuadros depresivos que pueden llegar a ser vividos con más dolor y convertirse en crónicos, dadas las características típicas de los perfeccionistas.

Por tanto, en respuesta a la pregunta que antes comentábamos, quizá no es un instrumento positivo para el anancástico, sino, más bien, una nueva fuente de problemas. El autoconocimiento es fundamental, en este caso, para determinar cuál puede ser su uso en una persona con este tipo de personalidad.